por Gustavo Bravo

 

November 2008
M T W T F S S
« Oct    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930

Twitter

Twitter

Leer:

Comentarios recientes

Tags


Archivo

RSS Suscribirse

License: Creative Commons

leer
leer
November 18th, 2008

Entrevista a 233grados

Ayer le mandé unas preguntas a la directora de Diximedia y coordinadora del blog 233grados, Vanessa Jiménez, para comentar el premio al Mejor Blog Periodístico en los Premios Bitácoras 2008 que les fue entregado el sábado pasado en el EBE. Esto son los apuntes “a sucio”:

—–

· ¿Por qué creéis que habéis ganado?

Siempre es más difícil valorar las virtudes propias que las ajenas, así que fuimos a Sevilla convencidos de que no íbamos a ganar el Bitácoras. 233grados es un blog muy joven, nació hace apenas seis meses. Y los finalistas de nuestra categoría hacen un trabajo estupendo.  El premio ha sido una sorpresa, y a la vez un tremendo acicate para seguir trabajando.  En estos meses hemos intentado publicar la información necesaria para entender los cambios en nuestra profesión y la industria, dar noticias, entrevistar a la gente que empieza a despuntar, a los que dirigen los medios,  adelantar tendencias, abrir líneas de debate… También tenemos secciones fijas, como las viñetas de Jesús o Ramón y la traducción de las columnas de Jeff Jarvis. La suma de todo esto es 233grados.  Para nosotros esas son sus virtudes.

· ¿Cuánta gente está detrás de este blog? ¿Quién se encarga de actualizarlo y seleccionar los contenidos?

233grados es un blog de periodismo que abrimos cuando llegamos a Diximedia. Por aquel entonces éramos muy pocos y supuso nuestro debut en la Red.  Yo me encargué de ponerlo en marcha y desde entonces lo coordino. Ahora, es fruto del trabajo de nuestra emergente redacción. Una periodista, Laura Pintos, trabaja a tiempo completo.

Read more »

November 17th, 2008

Dueños de lo que creemos que vemos

Detrás de todo beso hay una historia. Las vidas que lo sustentan, las que están a los dos lados de los labios, suelen ser morbosamente desconocidas para la mayoría de los que observan. Muchos han pasado a la historia como fotografías en blanco y negro y más de uno decora las paredes del piso que comparte alguna veinteañera.

Los curiosos, como en un museo. Quietos, expectantes, miramos besos como este, este, o este… y nos imaginamos su historia. Va ligado a la retina. Se nos antoja verdadera, preciosa, incluso tan eterna como la imagen.

Algunas de las historias de esos besos son reales. En otras, los “tan amantes” son meros actores y, en la mayoría, la realidad se queda a kilómetros de nuestras alegorías.

¿Qué os sugiere la imagen de arriba? Podrían ser dos personas que se reencuentran después de mucho tiempo o los besos últimos de una despedida forzada, como si los fueran a prohibir en cualquier momento, como si no quisieran soltarse el uno al otro jamás de los jamases y por todos los tiempos.

Nada de eso. Ella llegó al bar con otro amigo suyo. El mismo que tuvo que ver como quien la besa  se la quitaba de las manos. Eso sí, porque ella quiso y porque ella se lo pidió a gritos. Así, el amigo de nuestra princesa tuvo que abandonar la escena, al igual que el besador abandono a la chica dos días después por no sonseguir acostarse con ella. Lo sé porque la foto es mía y conozco a los protagonistas.

Las imágenes dicen lo que queremos que digan pero si nos las explican, todo eso se nos quita.

November 14th, 2008

El hombre nace y muere solo

Es cierto eso que dicen. Lo de ver las cosas con perpectiva. Puede que los de ciudad ya no miremos al cielo. Qué estrellas vamos a mirar, si ya no las vemos. El mismo universo negro cada noche. De qué sirve mirar cuando estás ciego.

Después de un fin de semana bien lejos, observo mi vida y mi ciudad con esa perspectiva. Encerrado en una prisión para periodistas me di cuenta de que, en mi caso, placer y trabajo tienen una frontera natural extraña, en la que se me antoja muy sano el refugiarme de tanto en cuanto. Tiras la toalla pero para tumbarte encima.

Personas que me sacan cinco, diez, quince años… Siguen sintiéndo lo mismo y de una manera parecida. Quizá con la retina más perdida pero con la mirada brillante. Es entonces cuando me pregunto si no me estaré encontrando en un cruce de caminos, el que separa una vida para mi trabajo y una vida para mi alma. Me dan miedo ambos.

Elegir uno puede significar no ver lo que hay en el otro como yo querría. Pero no elegir me aterra aún más. Creo que no soportaría la mediocridad, la de los que no se entregan ni a lo uno ni a lo otro. La de los que no pudieron elegir y la inercia les lleva. Supongo que es a) o b). Tendré que decidir pronto.

Y qué quiero de mí mismo… Vivir para trabajar o trabajar para vivir. Dónde queda la gloria de lo último… cómo entregarme al periódico si dar todo lo que hay en mí. No puedo hacerlo mal a propósito y me sigue dando miedo hacerlo todo a tintas medias.

Ahora los días se aproximan fríos. La mediocridad llega cuando te acomodas y de momento no dejo de moverme. Nadie me deja si quiera pensarlo. Sin sueños. Cuando parecía haber alcanzado una cima donde acampar, resulta que sólo era hielo y resbalo al suelo para volver a empezar. ¿Así como voy a a pensar si quiera en mí mismo?

Tampoco quiero encontrarme dentro de un tiempo hablando solo con los demás, recordando batallas de lo que bien hicimos. Pero me niego a quedarme en casa engordando sin llegar al destino que se pixela al final de un camino que es mío.

Y mientras pienso esto me sorprendo, de americana y zapatos, volviendo a las 11 y pico después de doce horas de trabajo por el que sólo me pagan ocho y tampoco tanto. Me tumbo y descanso. Pero de qué me sirve, si apenas he cenado y ya estoy aquí escribiendo los sin sentidos que no me cupieron en los cuadernos, que a falta de alguien que me acompañe siento de copiloto en el coche por si tengo que anotar algo corriendo.

Puede que un acidente detenga todo esto. Me gustaría clamar a un cielo que me atropelle y me diga si es que acaso no estoy perdiendo el poco tiempo que tengo… Pero ¿y si por el contrario estoy haciendo lo único que quiero? Que entonces me dé dos hostias y me grite que no sabe por qué coño me quejo.

La peor sensación brota del dolor que no localizas pero que ves cómo poco a poco te come por dentro. Desde el jardín de mi redacción puedo ver las estrellas cuando quiero… pero quizá deba pensar en el tiempo que tengo, para dedircárselo a eso o al trabajo apilado que me observa desde el cuaderno.

“Dale una vuelta al titular hombre, ya verás como pronto te sale algo bueno”.

——
De las calles a las estrellas, con perspectiva.