por Gustavo Bravo

 

September 2008
M T W T F S S
« Aug    
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930  

Twitter

Twitter

Twitpic

Comentarios recientes

Tags

Last Fm

Links:


Archivo

License: Creative Commons

leer
leer

RSS Suscribirse

Meta

Flickr photos

Madrid

Regocijo dispuesto para que el pueblo se recree

Fiesta: “Día en que se celebra alguna solemnidad nacional, y en el que están cerradas las oficinas y otros establecimientos públicos”.

¿En qué momento dejaron de ser fiestas? ¿En qué momento sufrieron la metamorfosis? O, mejor aún… ¿En qué momento nos dejamos invadir por la desgana?

Siempre he pensado en la importancia de “tener un pueblo”, al menos para saber lo que son de verdad las fiestas. Yo nunca lo tuve, o al menos no lo recuerdo. Y es una de esas cosas que sin tener, echo de menos.

Ahora fiesta significa convertir un jueves en domingo, mientras que el miércoles se disfraza torpemente de viernes. Eso es lo que son las fiestas: No trabajar. Nada que ver con festejar. Nada que ver con celebrar. Un día más que pasar sin pena ni gloria. Descansar de lo que nos cansa. Desconectar. Dejar de pensar. Dejar.

Hoy es fiesta en Madrid. Hoy cerramos. Hoy dejamos de hacer lo que hagamos. Hoy es uno de esos días tan ansiados.

Yo me pregunto por qué… ¿Para qué? ¿Qué piensas hacer hoy? ¿Dormir?

Vivir la vida que quieres es la mejor manera de descansar. Dormir y no pensar a la larga cansa más. De verdad.

Conduciendo por donde cubre

Hoy podría haber tenido un accidente en la carretera, y sin embargo me ha dado por reírme.

Las fuertes lluvias habían dejado charcos bastante profundos en la M-40, por la que circulaba con bastante tráfico a unos 60 o 70 km por hora. Ya habíamos pasado por algún que otro charco, y la verdad es que era una sensación divertida ver cómo se creaban olas a los dos lados, cuando atravesabas las pequeñas piscinas formadas en medio del camino.

Los limpiaparabrisas no daban a basto. Llovía de tal manera que todo lo que se veían era un horizonte pixelado en el que adivinar coches por sus colores. Y los cristales, deseosos de ayudar decidieron empañarse…

Optamos por abrir temporalmente las ventanillas. La verdad es que siento debilidad por el olor a mojado, aunque esté mezclado con el vapor de los motores. A veces la contaminación no sólo se ve, sino que puede olerse.

Las veces anteriores habíamos atravesado las piscinas por el carril izquierdo. Pero esta vez nos encontrábamos en el carril central, con las ventanillas levemente bajadas y con unos cerebros demasiado atentos en descifrar lo que había delante como para pensar en lo que podría venir por los lados… Quién podría haberlo imaginado.

Casi sin darnos cuenta teníamos dos tsunamis más altos que el coche que nos transportaba abordado por babor y estribor. No sé cuánta agua quedaría fuera, pero sé perfectamente cuánta se quedó dentro… La risa fue la primera y última sensación. No podía creer lo que estaba pasando, y en ningún momento valoré que me encontraba fuera de control a 70 km por hora con miles de coches borrosos a mi alrededor.

Lo más curioso es que aún lo pienso y me río.

Friedman en Madrid

Las atmósferas y ambientaciones del alemán Burnt Friedman inundarán el aire de La Casa Encendida esta tarde, con motivo de la quinta edición del festival Electrónica (días 25, 26 y 27 de abril).

Time me ha invitado a que le acompañe. Hace mil que no nos vemos.

Así que por ahí andaremos a ver qué pasa.

Baja la persiana y da la luz

¿No es irónico tener una hora menos de sueño que el lunes pasado para ahorrar energía, y caminar por El Retiro con todas las farolas encendidas cuando ya no hacen falta?

  • El Retiro por Alcalá. 8:10 de la mañana.

Tos grisácea

Me pican los ojos y estornudo cada cinco minutos desde hace una semana. Era una cosa que no hacía desde hace unos años, cuando decidí vacunarme contra las alergias. Un año en Dublín parecía haber secado todas las cataratas que esta ciudad podía provocarme en los ojos, por andar demasiado entre los tubos de escape…

Volver a Madrid se nota. Y aunque este verano fue bastante lluvioso y el agua facilitó mi transición del verde al gris, estas dos semanas frías y secas están pasando factura en mis retinas.

Si a eso le sumamos que los pólenes se han unido en una super pelota asesina que ha disparado los porcentajes de esta sustancia en el aire, aprovechando el poco sol que se asoma entre los edificios…

Resultado: Tos, picor, mocos…

Desde el ayuntamiento se escudan en la masa de aire africano que parece estar llegando ya a la capital… Supongo que el sombrero de copa (porque ya no es una simple boina negra) de mierda, poco o nada tiene que ver con estos síntomas…

Y desobedeciendo todo consejo esta noche hemos disfrutado de unos cuantos partidos en las canchas de Embajadores. Dicen que no se debería hacer deporte al aire libre.

Ningún problema. En Madrid no hay de eso. Está todo ocupado.

Dichoso aire africano. La culpa es siempre de los inmigrantes. Ains…

  • Fotografía de Madrid: Santi Burgos (elpaís.com), un gris precioso por cierto.

Te cambio el azul por el naranja

Ayer en el Café Central tuvimos la suerte de coger el último tren a Lisboa, mientras el maquinista daba el último aviso, y apresurados románticos se colaban en sus vagones como podían…

El tren en sí parecía querer hacer escala en algún planeta anaranjado, con doce gajos como las buenas mandarinas. Y entre las vías se podían ver cinco líneas de pentagramas que jugaban a ver cual llegaba antes a darse un baño en la fuente de la plaza empedrada.

Cuando era niño, Javier Colina le pidió una guitarra flamenca a los reyes magos, pero éstos le trajeron un contrabajo. Como él nunca había visto una pensó que no había ningún error, y acepto el regalo con mucha ilusión, sin saber que lo que tenía que abrazar era un instrumento de seis cuerdas, y no de cuatro, como el que él tenía.

Cuando le dijeron que los reyes no existían decidió seguir tocando, aunque con un sabor un poco más agridulce. Eso sí, sin cambiar de color. Los atardeceres son naranjas existan los reyes o no.

Habiéndose dado cuenta de esto, se encontró un día con un niño tocando en plaza algo que sonaba más bien como un saxofón, mezclando colores de amanecer y acordes veraniegos salpicados en sal.

Vaya, creí que era un saxo - dijo Javier.

El niño, atónito, dejó de tocar y le respondió malhumorado - Pues claro que lo es. ¿Qué crees que es si no?

Su enfado era más que lógico. Pues él le había pedido a los reyes un saxofón, y eso deberían de haberle traído. Aunque lo que Antonio Serrano estaba sujetando era en realidad una armónica.

Cuando ambos se dieron cuenta de lo que estaba pasando ya no había vuelta atrás. Estaban creando atardeceres de acuarela en el escenario del Café Central, y aunque sus instrumentos fueran los equivocados y fuera se padeciese una noche más bien fría, los demás buscábamos la sombra en la que protegernos del sol que se derramaba por las ventanas.

Feliz Navidad y próspero… desarme nuclear

  • Adornos navideños de la calle Príncipe de Vergara de Madrid