por Gustavo Bravo

 

March 2007
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Por respirar muero


Te miras de arriba abajo y tu vida es como la banda magnética de una cinta virgen. Lo malo es que tú no te puedes rebobinar con un Bic. Miras al espejo y tus ojos se derriten mientras tu voz de distorsiona. Te estás apagando. Estás rayado. Tienes las esquinas destrozadas… Eres una cinta de mierda, vieja y olvidada, en un cajón de la habitación de alguien que no se acordará de ti nunca jamás en su vida, ni siquiera cuando te aparta porque estorbas en la búsqueda de otra cosa con la que compartes cajón.

A veces la música entra a bocanadas como el aire fresco que ventila tu celda por las mañana y otras te tienes que quedar respirando el aire que entró hace meses y que ya casi no se mueve… se derrite por tus manos. Pones tus discos fetiche una y otra vez como si fueses el protagonista de una segunda parte de Alta Fidelidad, pero sin trabajar en ninguna parte… Lo único de provecho que hiciste hoy fue no molestar a nadie en concreto, a nadie en particular. Los mismos discos una y otra vez, como si no necesitaras a nadie, como si no necesitaras nada más. Estás tan enfermo…

Internet no funciona como ventana. No puedes oír nada por tu buscador. Nada puedes descargar. La reproducción aleatoria del iTunes no va a sacarte de este pozo de brea en la que se han convertido tus vinilos, que más que discos parece sobaos pasiegos mojados en mercurio del barato.

¿Cuando vas a levantarte de una vez? Vístete y vete a la tienda a ver qué ha salido nuevo… Coge un puñado de vinilos y apílalos al lado del plato de esa pequeña tienda de música que hay en un callejón del centro. Deja pasar el tiempo. Sal de la tienda y no compres nada. Quédate el sonido dentro. Vuelve a casa, enciende el ordenador y deja que tus dedos compongan lo primero que se les ocurra.

Escúchalo. ¿Qué es? ¿Es acaso música nueva? ¿Sirve para que puedas respirar un día más? ¿Unas horas más? Cada bocanada que das te acerca más a tu sino. Estás dando vueltas en una espiral de sonido, donde el eco se rebota a sí mismo hasta crear una reverberación tan horrible en la que lo único que puedes pensar es que estás respirándote a ti mismo, devorándote a ti mismo, y eso es como sobrevivir muriendo. Estás componiendo sin oír música. Estás solo en tu infierno. Hace frío en este agujero eterno.

Llaman a la puerta. ¿Es ruido? ¿Es sonido? ¿Es un ritmo?

Se abre la puerta. Se ve una luz a lo lejos… Pero tú ya estás muerto.

Acabo la semana en el norte

Si existe un segundo mundo entre el primero y el tercero ese es el oeste de Belfast. El barrio en el que aún hoy en día se sigue construyendo un muro entre un lado “católico” y otro “protestante”, donde la única diferencia apreciable son las banderas que ondean en las decenas de esculturas y rincones que rememoran los caídos, o más bien sus nombres. Y a que lado del muro te quedes una vez se cierre por las noches.

Alambre de espino, basura, hierros… El verde de la hierba y las pinturas políticas que exhiben algunas casas son lo único que brilla en la zona. Menos cuando llueve, ya que la hierba se mezcla con el barro. Entonces casi nada brilla, y eso es muy a menudo.

En la entrada de las calles se ven barricadas oxidadas en desuso, que no queda muy claro si siguen ahí porque hay otras gestiones urbanísticas prioritarias o para que nadie olvide lo que ha pasado en esas calles.

Aunque el muro de 6 metros de hormigón y metal verde no dejan que desvíes mucho la cabeza del tema. Al menos a mí, no sé para los que viven allí, y desde luego no pienso preguntarlo. Si desde tu casa no se ve, seguro que ves alguna pintada o mural que te lo recuerda. Todas ellas sobre gente armada, revolucionarios, o eslóganes políticos a favor o en contra de algo… Y listas de nombres. Miles de nombres por todas partes. Casi les oyes hablar.

Tu paseas y los habitantes te miran a los ojos, con descaro, algo que no hace más familiar ni acogedor al lugar, vendido al turismo como algo histórico de obligada visita, forzando a sus “dueños” a vivir entre cámaras de fotos y miradas. Y tú eres uno más al que mirar a los ojos.

Entras un Pub a pedirte una pinta y es más o menos lo mismo. El ruido que había desde dentro antes de entrar ha terminado justo en el momento en el que abres la puerta, y todos y cada uno de ellos te miran. Todos. Unos lo hacen durante más tiempo y algunos lo hacen hasta que te sientas. No eres de ahí, ellos lo saben y tú nunca lo olvidas.

Un rayo de sol…

Dejas de pensar en lo que estabas pensando y empiezas a pensar en otra cosa. Estas en pijama, recién levantado. Tienes sueño pero no tienes ganas de dormir. Tienes hambre pero no sabes de qué. Quieres ducharte sin mojarte y sin que haga frío después. Quieres hablar con alguien y que todos te dejen en paz.

De nuevo dejas de pensar y simplemente miras por la ventana. Ves cosas, pero no miras nada en concreto. Estás de pie desde hace un minuto, y ya echas de menos estar tumbado.

Ahora cuando entra la batería recuerdas que has conseguido arrastrarte hasta el ordenador para que suene la instrumental de Vibraciones, pero en unos segundos lo olvidas.

Ves un canal. Ves el sol, que hace mucho que no veías. Árboles, tejados, pájaros, gaviotas, cuervos… Y a lo lejos unas montañas, ni muy altas ni muy bajas. Te duelen los ojos. Ese niño ha cruzado sin mirar y un coche frena, toca el clacson, pero con desgana. Le molesta que el niño haya conseguido cruzar, más que el hecho de cruzar en sí.

Piensas en escribir. Pero no lo piensas mucho. Suena la alarma del móvil. De nuevo te adelantaste. Te dije que no nos pusiéramos metas. Miras de nuevo a las sábanas. La echas de menos.

Queda chocolate en la mesa. Piensas en coger un poco, pero en realidad sólo quieres leche fría. Después ya veremos. No nos pongamos metas.

Tienes muchas cosas que hacer. Muchos correos que leer. Tantos otros que enviar. Poco que decir. Ahí está de nuevo esa batería. Tiene ritmillo la jodía…

Oyes ruido en el salón. Tus compañeros de piso deben de estar limpiando lo de ayer. Te acuerdas en parte.

Miras de nuevo por la ventana… ya duele menos. La música se acaba. Ya empezará otra.

Buenos días Dublín…

Conversaciones con Quas: Naturaleza Distraída

Si escribo sin pensar digo lo que pienso sir saber que lo pienso. ¿O lo que creo que pienso? ¿O lo que me gustaría pensar?

¿Entiendes lo que digo? O lo comprendes pero no lo compartes. Aunque lo hagas no significa que me entiendasa mí y a mis motivos.

¿Sabes Quas? El boli no se borra. Recuerdo cuando superamos el lápiz y la goma, y en vez de corregir nuestros errores, tirábamos lo hecho y empezábamos de nuevo. Es más cómodo y más fácil, porque no hay que sacarles punta.

Eso es la vida adulta. Nunca se corrige nada. Nunca se arrgla nada. Se acumulan fallos y más fallos como pelotas de papel en la papelera.

Qué injusto parecía cuando los mayores te boleaban el balón, y qué divertido cuando eras el mayor que las boleaba.

Las mantis religiosas se comen las cabezas de los machos y el amor está donde lo encuentres. Dicen.

“La felicidad no existe, sólo momentos agradables. Desenchúfenme del clable. No quiero ser amable”. Dicen.

Pero la vida no es eso. La vida es otra cosa.

Me gustan los chicles de menta. ¿Quieres uno Quas?

¿Me preguntas si tengo o que si quiero?

Si quieres…

No, no tengo.

My Favourite Things

No pasa un día sin que me pregunte por qué escribo en un blog que puede leer todo el mundo las cosas que realmente no hablo con casi nadie…

Los días empiezan a parecerse mucho los unos a los otros, sin embargo no puedo hacer ni escribir dos veces lo mismo en este condenado espacio… Uno piensa tantas cosas que podrían interesaros, y busca en la cabeza y en la Web… Y normalmente aparecen cuando dejar de buscar. Supongo que lo único que me pido cada día cuando me pongo a mirar por esta ventana no es otra cosa que sinceridad, mucho más que variedad o profundidad… Y no es ningún cuento chino.

La mayoría de la gente que lee esto son amigos míos. Esto no significa que me esté tirando el pingüi y que tenga un millón de ellos… Es algo que en realidad no dice mucho a favor de mi estadística de visitas. Y es que no tengo la sensación de que realmente le interese a mucha gente lo que cuento. Es cierto. Por eso no pasa un sólo día sin que me plantee por qué sigo haciendo esto.

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Traed la industria a la calle y no a la inversa

A dos metros bajo tierra veo tumbado algo con las iniciales HH. La culpa nunca es de nadie y tampoco parece importar el culpable.

Su interior ha sido desordenado por Los Educadores y al marchar han dejado una nota en alemán en la que pone algo así como “Tienes demasiado dinero”. Pero no le han matado. Las iniciales HH sólo están corruptas. Su esencia está perdida. Su espíritu está encerrado herméticamente en algo que parece una caja de cerillas pero que desde luego no es eso.

¿Pensasteis que entrando todos en una discográfica enorme y seria, que paga sus contratos, seríamos más libres? Nos habéis vendido a todos. ¿Dónde nos caemos muertos ahora?

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