Madrugar de madrugada

Es dormir de día, por no haberlo hecho antes. Soñar desgrava sentimientos nocturnos. Secuestra momentos oportunos, taciturnos y de alterne. Con nocturnidad todo huele a hierba mojada aunque la almohada no hable y las paredes no miren y las sombras chinescas que te inventas dejen de bailar y de moverse. Es posible que dormido no despierte.
No quiero recibir nada tuyo a esas horas. No quiero recibir nada tuyo.
Quiero pensar lo que quiera. Quiero ser feliz de nuevo. Tengo princesa y cuento. Tengo motivo y manera.
Quiero escribir lo que quiera. Quiero besar sin pensar en cómo, quiero soñar sin pensar en nada. Quiero beber de un nuevo todo para dar sentido a este nada. Olvida todo lo que te recuerde mi olor, olvida todo lo que representa mi cara. Simplemente olvida, como ya olvido yo.
No quiero recibir nada tuyo a esas horas. “No des teléfono de aludidos, porque no vale el cobro revertido”.
Lo quiero todo de otro modo. Quiero mirar y sonreír. Estás mirando unas paredes vacías en una habitación de la que ya me he ido. Todo huele a nuevo y viejo. Todo apunta a que el cuero del asiento será el mejor suero del viaje, y el mejor viento para el vuelo, que me eleve lejos del suelo en que ya no muero y me duelo. Me expreso desde una ventana de hierro, por la que ya sólo veo lo que quiero. “Lo que puedo, lo que me dejan”.
Si madrugo de madrugada el Retiro huele a viaje. A horizontes de naranja. A carreteras destapadas. A vías de tren con rocío mezclado con el vapor de las máquinas. Huele a libertad heredada. Huele a optimismo sincero. Huele a encontrarse a uno mismo después de tanto infier… tiempo.
El rosa del cielo se mezcla con el polvo del aire que cuando paso la mano se resume en los restos que me quedan en los dedos. Restos de algo en lo que ya no pienso, que salen con agua fresca del grifo, mientras el cielo lo limpian deshollinadores con título de astronautas especializados en cielos sucios madrileños…
Posted: August 16th, 2007 under Historias pixeladas.
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Como las mejores visitas, lo que iba a ser una semana se ha convertido en dos. Después de ir en tren hasta el sureste de la península, me recorrí 600 km inesperados hacia el norte desde Madrid. Unos días más que necesarios para pensar, escribir otras cosas, volver a ver caras amigas que hacía mucho que no veía y para conocer caras nuevas, como la de Silvia y Juan (esas cañitas que te lo ponen ahí). Así que nada, sin ánimo de aburriros más con lo personal, simplemente deciros que ya volvemos con los textos pixelados y con nuevos dibujos, si Silvia nos los concede (guiño, guiño).