Despiertas. Compones. Mueres
Llenas un vaso de vino. Bebes un trago. Lo saboreas. Te sientas. Escribes.
Abres el grifo del agua fría. La pruebas. Abres el grifo del agua caliente. La pruebas. Te quemas. Cierras un poco. Te empapas de agua.
Te tumbas. Piensas. Recuerdas. Piensas. Sueñas. Duermes.
Te abrazas y cambias de postura. Cierras los ojos. Los abres. Miras la hora. Miras por la ventana. Te duelen los ojos. Te recuestas boca arriba. Piensas en lo que vas a hacer hoy.
Te secas la cabeza. Te pones los calzoncillos. Los pantalones. Los calcetines. Desodorante y por último, la camiseta y la camisa. Zapatillas. Colonia. Llaves. Abrigo. Cartera. Ipod. Puerta. Calle.
Caminas calle arriba. Miras a la gente a los ojos. Nadie te reconoce ni te importa. Nadie que importe. Nada en concreto. Te alegras de no ver. Echas de menos algo.
Sólo sonríes cuando estás triste, para que no se note. El resto del tiempo brillo en los ojos. Sombra el labios. Te muerdes las uñas por vicio. Costumbre horrible como tantas.
Escuchas la música. Más o menos. Primero la de otros. Al final la tuya. Buscas los errores, hasta que no los encuentras. Te invade algo por un momento. Pero toda invasión es pasajera.
Llenas un vaso de leche. Te sientas. Lo saboreas. Compones.
Suena el móvil. Alguien se preocupa o necesita algo. Suele ser la segunda.
Abres la ventana. Un patio horrible. Huele a frito y a ruidos. Humanidad.
Alguien te habla. Dice que ya tiene casi el tema. Por un instante algo te inunda. Pero toda inundación es pasajera.
Posted: November 9th, 2007 under Historias pixeladas.
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