Buenos días por la mañana
Hoy he compartido la barra de la cafetería con más gente de lo habitual. Me hace gracia que el señor que hace las veces de camarero se acuerde de lo que pido, aunque voy de mucho en mucho y no siempre por la mañana.
Supongo que su sonrisa hace que por un momento me olvide de lo sucio que está todo, y hace que deje de imaginarme cuántas manos han tocado el “curasán” que estoy a punto de mojar en el café con leche. Bendita ignorancia.
Un hombre a mi lado bebe lo que quiero pensar que es un zumo de manzana. A mi izquierda dos obreros comentan distintas jugadas, algunas relacionadas con morenas que recuerdan.
Los dos llevan anillo de casado.
Mi desayuno va por la mitad, supongo que no hablar te invita a tragar sin pensar. Casi sin querer retienes al escuchar. Lo escribo para recordarlo sin esfuerzos, al menos unos días más…
Un vejete de aspecto sucio pide un anís. Sólo son las nueve menos diez de la mañana. Igual viene de juerga. No sé. Aunque se lo toma rápido y sin hielo. Al “camarero” parece no extrañarle. Tampoco cuando rellena de whisky Dyc el tubo que parecía contener zumo de manzana.
¿Dónde irá toda esta gente a pasar la mañana?
A veces creo que entrevistamos a las personas equivocadas. Que contamos las historias que a poca gente le importa. Y que pocas veces respondemos las preguntas que nos afloran. Mientras redactas un teletipo sobre cualquier cosa, el sabor a café te recuerda en qué barra de qué bar te dejaste las ganas de contar historias humanas.
Ahora imaginas una portada con las personas que aún sonríen y una fotogalería de codos recostados entre bostezos y legañas.
Nunca sabremos realmente lo que pasa, no al menos esta mañana.
Posted: April 29th, 2008 under Personales.
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