Conduciendo por donde cubre
Hoy podría haber tenido un accidente en la carretera, y sin embargo me ha dado por reírme.
Las fuertes lluvias habían dejado charcos bastante profundos en la M-40, por la que circulaba con bastante tráfico a unos 60 o 70 km por hora. Ya habíamos pasado por algún que otro charco, y la verdad es que era una sensación divertida ver cómo se creaban olas a los dos lados, cuando atravesabas las pequeñas piscinas formadas en medio del camino.
Los limpiaparabrisas no daban a basto. Llovía de tal manera que todo lo que se veían era un horizonte pixelado en el que adivinar coches por sus colores. Y los cristales, deseosos de ayudar decidieron empañarse…
Optamos por abrir temporalmente las ventanillas. La verdad es que siento debilidad por el olor a mojado, aunque esté mezclado con el vapor de los motores. A veces la contaminación no sólo se ve, sino que puede olerse.
Las veces anteriores habíamos atravesado las piscinas por el carril izquierdo. Pero esta vez nos encontrábamos en el carril central, con las ventanillas levemente bajadas y con unos cerebros demasiado atentos en descifrar lo que había delante como para pensar en lo que podría venir por los lados… Quién podría haberlo imaginado.
Casi sin darnos cuenta teníamos dos tsunamis más altos que el coche que nos transportaba abordado por babor y estribor. No sé cuánta agua quedaría fuera, pero sé perfectamente cuánta se quedó dentro… La risa fue la primera y última sensación. No podía creer lo que estaba pasando, y en ningún momento valoré que me encontraba fuera de control a 70 km por hora con miles de coches borrosos a mi alrededor.
Lo más curioso es que aún lo pienso y me río.
Posted: May 11th, 2008 under Madrid, Personales.
Comments: 11





