por Gustavo Bravo

 

June 2008
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Formatos en el tiempo

vinilos y CDs

Mi etapa de comprar CDs fue bastante breve. La recuerdo como una transición entre las cintas y el vinilo, mientras inventaban algo que pudiera llevar en el bolsillo sin que éste explotara o sin que la música saltase con cada paso que daba. Para cuando se consiguió yo ya tenía en mi manos un reproductor de Minidisc, donde pude grabar muchos de mis vinilos y hacer mis primeros intentos de mixtapes. Me sirvió para hacer muchas entrevistas, mezclas y traspasos de audio, y me resistí a abandonarlo incluso cuando no cerraba bien y me veía obligado a ponerle una goma elástica a presión.

Hoy me he encontrado con un artículo en Elpais.com en el que Iñigo López explica algo que sentimos los que compramos vinilo desde hace tiempo: que ni el CD terminó con las ediciones en 12″ y que su desaparición en realidad no comenzó nunca. Otra cosa muy distinta le está ocurriendo al CD con el MP3, y es que a los que consumen música en vez de coleccionarla poco les importa la calidad de la misma, y el CD está ya superado por el mp3 en casi todo (comodidad, rapidez, portabilidad…)

Después de probar todos los formatos inventados, y ver como mi Walkman evolucionaba hasta rebobinar en segundos y encontrar los cortes de canciones, mi primer Discman pasaba a coger polvo en la estantería y mi reproductor de Minidisc era derrotado con todas sus heridas por mi primer iPod. He llegado a la conclusión de que el futuro de la música pasa por venderse en Vinilo con descargas mp3 para los que queremos coleccionarla, y en mp3 para los que simplemente quieren consumirla.

Me di cuenta de todo esto el día que se me rompió un CD y me importó poco menos que una mierda, y lo notaré más aún el día que se me rompa un vinilo y me eche a llorar, porque tardaré otra vida en volver a encontrarlo.

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  • En la imagen, el segundo Lp de Sólo los Solo, Quimera, en sus ediciones en CD, Triple LP y Triple Lp instrumental. Al fondo, el Lp One Word Extinguisher, de Prefuse 73, en su versión en CD, Doble LP y los Extinguished: Outtakes en LP.
  • Nada suena como un vinilo.

La cinta VHS

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  • Muchachada Nui / La cinta VHS
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  • Muchachada Nui / La cinta VHS hablando con el Spectrum

Desde aquí hago un llamamiento para que el la cinta VHS se vaya de cañas con un vinilo. Ahí queda.

Buscando en el baúl de los mensajes

Exámenes terminados, y ahora a la espera de que me confirmen en las calificaciones lo que creo que es la una realidad: que por fin soy periodista licenciado. Parece increíble, y la sensación es estupenda. No pienso volver a estudiar nada en mucho tiempo. El sistema universitario de este país es un cúmulo de despropósitos y desengaños que además duran una eternidad.

El domingo por la noche, mientras cenaba entre estudio y estudio, me dio por revisar los mensajes del móvil, que van cayendo en un pozo de memoría cada vez más grande, de 64 megas ya… Y es que cuanta más memoria… al final más mierda que nunca borras.

Una vez conocí a un tipo que se apuntaba todos los sms que le llegaban en un cuaderno. Fue hace años, cuando te cabían unos 20 y no más. No creo que lo siga haciendo ya. Igual con algunos mensajes yo debería haber hecho lo mismo. Estoy seguro de que he perdido muchos que ahora me gustaría releer, pero que por fallos, roturas, pérdidas o cambios de aparato, han desaparecido en un limbo sms al que no puedo llegar ni con la memoria real, la mía.

Escarbando entre mensajes de llamadas perdidas, publicidad de Movistar y mensajes funcionales del tipo “llego tarde” o “¿quedamos hoy?”, he encontrado algunos viejunos que me resisto a borrar quién sabe por qué.

Pensé en compartir algunos por aquí, sin desvelar la identidad del remitente claro, para mantener composturas. Pero luego cambié de idea, no creo que se comprendan y para mostrar sólo los graciosos prefiero no poner nada. Permanecerán tatuados en mi tarjeta SIM, sin que nadie los vea, hasta que algún día por lo que sea se pierdan.

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Esto es lo que sonaba mientras me alejaba de lo que fuera mi último examen…

Descanse en paz

Por si la conciencia pide cuentas

Se cruzaba con ella cada mañana. Al principio, cuando decidió ir caminando a la oficina, le hizo gracia encontrársela un par de días seguidos, pero nunca habría imaginado que podría suceder cada día, en la misma manzana, como un mismo milagro.

Cada amanecer, ella se cruzaba. Él la miraba, pero sin excesivo descaro. Ella pasaba de largo, y se pasaba de guapa. Las baldosas que ella había pisado, ahora sostenían la vergüenza del que la miraba. Las que sostuvieron los deseos de éste, eran ahora pisadas por ella. Cuando él venía ella iba. Cuando ella iba, él la perdía. Como la ceniza que se consume, y cae esparcida. Trizas de alma carcomida era cada paso que un desorientado daba en dirección prohibida.

“Walking up a one way street!” gritaba Willie Tee en sus auriculares malogrados. Los demás gritos eran silencio en baja frecuencia. Ríos que bajaban por Gran Vía con destino alcantarilla sucia desatendida. Afluentes de mierda negra formando un delta en sus zapatos. Ventanas de cristal tintado que no se puede saber si se han manchado, o es que siempre lo han estado. Querer es poder seguir queriendo, pero nada más. Lo lamento.

Resulta curioso que siendo millones permanezcamos la mayor parte del tiempo con las mismas caras. Resulta indignante entonces que también se repitan los extraños con los que te cruzas. Debería poder reclamarse en alguna ventanilla de damnificados. Quiero desconocidos nuevos o mi dinero. Me siento estafado por un destino negligente y descuidado. Amén de haber rezado al dios equivocado, o de haber participado en el sorteo amañado de la mala torpeza que reza el sujeto más pringado.

Un día ella dejó de cruzarse. Así él dejó de mirarla. Así, sin sentido, dejó de amarla. Como vino se fue. Volvió a coger el autobús, como había hecho desde que su memoria le daba. Le pidió al quiosquero un metrobús, y un paquete de chicles mordientes. Busca saliva clorofílica descalza.

Pasaron los días, y ya no pensaba en ella. Dejó de obsesionarse con aquella desconocida y sus pasos de tacón. Le hacía gracia coincidir cada mañana con una chica que se subía dos semáforos tras él, y se bajaba tres paradas antes de la suya.

Sin duda es cierto lo que se murmura.

No es cierto, recapitulemos

Hoy he hecho seis meses en ADN.es

Muchos creen que soy incapaz de escribir sin ’sonar’ amargo, triste, molesto y crítico…

No es cierto, y lo voy a demostrar ahora. El otro día alguien que llevaba mucho sin verme me dijo que me veía ‘extrañamente’ feliz.

No suelo hablar de trabajo, pero es cierto, esa es una de las razones por la que se me ve muy contento, y sé que es algo que muy pocos pueden decir, lo que me inspira un profundo respeto.

Decir que he encontrado con escasos 24 años recién cumplidos unas condiciones laborales que no preveía ni para… Que igual ni me esperaba para… Que igual ni imaginaba.

Las cosas han ido mal estos años. Muchas ilusiones rotas, desengaños, rabietas, pisadas, puñaladas, palabras tragadas… Y tampoco es que haya vivido las peores experiencias que he podido oír en el ‘consorcio periodismo’, pero creo que puedo decir que sé lo que es tragar, “debatiendo entre pasar por el aro, o simplemente pasar”.

Cuando hace unos diez meses decidí dar portazo en mi anterior trabajo, necesité mucho valor, conversaciones y apoyos, porque a veces uno no distingue el límite entre “ser un flojo” y saber cuando hay que decir “por aquí no paso” o “aquí me planto”. Y la verdad es que ahora no me arrepiento, pero realmente me llegué a sentir como aquel Kiwi que saltaba del cielo al suelo.

Ahora puedo decir que se me ha brindado la posibilidad de demostrar algo, y que encima me siento capaz, seguro, a gusto y feliz de poder realizarlo.

Cuando digo esto, los que tengo en frente suelen responder que seis meses es muy poco tiempo.

A día de hoy mis ojos brillan y sonrío. Bien vale por el tiempo muerto entre lodos, bien lo vale si eso me hace sentir vivo. Si hace escasas horas que he llegado, y no siento ningún reparo en pensar lo que me faltaba por haber hecho, y en cómo lo haré mañana con la misma sonrisa y quizá un poco más de sueño…

cumplido.

“Otra razón para volver cuando ya me haya ido”.

Amado por ser único, odiado por ser diferente

Así describían a Oscar Wilde en una placa irlandesa. Desde niño me llama la atención su forma de juntar palabras.

Oscar Wilde es ese. El que no deja indiferente, por su vida más que por su obra. Es ese tipo de personas que adoras o que odias. La diferencia cuando aplique.

Hoy han pasado cosas que me han hecho pensar. Al menos más de lo normal…

Al final va a ser cierto eso de que sólo hay dos maneras de responder ante lo nuevo: con curiosidad o con recelo. Y así he visto reaccionar a los demás conmigo desde siempre, para bien o para mal, sangre fría y caliente funden templado el café cortado a mala leche, y quizá no me había dado cuenta del todo, pero hoy, por casualidades de esta vida, me he visto reflejado en otra frente, y no era capaz de mantenerme indiferente, a pesar de lo mucho que me seduce retener el silencio, porque el que calla otorga, y porque cada uno es mucho mejor cuanto menos se define, y cuando el trapecio que te esgrime no termina en el comienzo. Es mejor que te definan los actos, a poder ser los del arte, que se dibujan en acuarela y carboncillo, y porque así lo más sencillo, no podrá desilusionarte, al menos la floritura. Dejad de usar fachadas para falsearme y tristearme, si todo vuestro empeño pasa por ser otra historia diferente a lo de antes, siendo lo de siempre con una mano de pintura.

La parte mala de esbozarte es que, al final, lo que los demás no saben, luego tienden a inventarlo. Con la imaginación, la intuición, el prejuicio y la envidia… Malos vicios sucios con hielo, agitados con malicia e ictericia. Por suerte tengo fe en la fonética, por mucho que lo deteste.

Pero es mal relleno para un pavo. Lo es al menos para este.

“Como que si esa chavala se pone a bailar, acabará bailando todo el bar… Así es mi estilo. Pero soy tímido, y he asumido tantos comentarios sobre mí que ya no veo nada nítido. Trae aquí ese líquido. Sea lo que sea soy el don. ¿Yo un ligón? Non, yo borracho de ron”.