Te cambio el azul por el naranja
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Ayer en el Café Central tuvimos la suerte de coger el último tren a Lisboa, mientras el maquinista daba el último aviso, y apresurados románticos se colaban en sus vagones como podían…
El tren en sí parecía querer hacer escala en algún planeta anaranjado, con doce gajos como las buenas mandarinas. Y entre las vías se podían ver cinco líneas de pentagramas que jugaban a ver cual llegaba antes a darse un baño en la fuente de la plaza empedrada.
Cuando era niño, Javier Colina le pidió una guitarra flamenca a los reyes magos, pero éstos le trajeron un contrabajo. Como él nunca había visto una pensó que no había ningún error, y acepto el regalo con mucha ilusión, sin saber que lo que tenía que abrazar era un instrumento de seis cuerdas, y no de cuatro, como el que él tenía.
Cuando le dijeron que los reyes no existían decidió seguir tocando, aunque con un sabor un poco más agridulce. Eso sí, sin cambiar de color. Los atardeceres son naranjas existan los reyes o no.
Habiéndose dado cuenta de esto, se encontró un día con un niño tocando en plaza algo que sonaba más bien como un saxofón, mezclando colores de amanecer y acordes veraniegos salpicados en sal.
Vaya, creí que era un saxo - dijo Javier.
El niño, atónito, dejó de tocar y le respondió malhumorado - Pues claro que lo es. ¿Qué crees que es si no?
Su enfado era más que lógico. Pues él le había pedido a los reyes un saxofón, y eso deberían de haberle traído. Aunque lo que Antonio Serrano estaba sujetando era en realidad una armónica.
Cuando ambos se dieron cuenta de lo que estaba pasando ya no había vuelta atrás. Estaban creando atardeceres de acuarela en el escenario del Café Central, y aunque sus instrumentos fueran los equivocados y fuera se padeciese una noche más bien fría, los demás buscábamos la sombra en la que protegernos del sol que se derramaba por las ventanas.
Posted: January 21st, 2008 under Fotografías, Historias pixeladas, Madrid, jazz.
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