por Gustavo Bravo

 

October 2008
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Afrikan Boy

“Un día fui al Lidl, fui a robar al Lidl, me pillaron en el Lidl, y desde entonces no vuelvo al Lidl”.

Así reza uno de los estribillos del joven nigeriano de 18 años que rapea en el último disco de M.I.A. con el sobrenombre de Afrikan Boy o B.A.

¿Está bien robar para comer? ¿Y está bien rapear sobre robar para comer?

En su myspace se pueden escuchar cuatro temas que resumen bastante bien su estilo, cuyas influencias citando textualmente son “Fela, Style Plus, Wiley, Dizzie rascal, M.I.A and Yvone Chaka Chaka”. Lo que vendría a ser un concepto bastante frenético, partiendo del grime más underground y dejando la violencia para los sonidos y los hechos para las palabras.

En “One day I went to Lidl” describe las ocasiones casi idénticas en las que fue a robar al Lidl y al Asda, dos cadenas de supermercados bantante populares en los barrios ingleses. Finalmente cuenta que debe hacerse pasar por un niño de 14 y así poder comer fish and chips y hablar por el msn como tú o como yo, con el fin de que inmigración le deje tranquilo.

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El video de la canción son más bien fotos que hacen una referencia bastante vaga de lo que se narra. Si bien es cierto que no puede ni siquiera considerarse un videoclip, hubiera sido bastante extraño poner camaras, maquillaje y montaje a un tema en el que dices que robas porque tienes hambre y no tienes dinero…

Estos temas podrían estar incluidos en una maqueta llamada Afrikan Boy Presents Can of Whoopass Vol.1, aunque no he sido capaz de corroborarlo ni de encontrarla en ninguna parte.

Pablo Gil le ha dedicado unas líneas en el último número del Metrópoli. La verdad es que no se me había ocurrido buscar a este chico en myspace.

M.I.A. - Kala

Kala es la mejor de las secuelas de un sonido instalado por Arular, El Disco del 2005, y que no solo cumple expectativas, sino que las supera. La inventora de un género propio hace volar por los aires todos los ingredientes rítmicos, sintéticos y exóticos que propiciaron el impacto mundial de su primer disco. Volviendo a casa para echar mano de sus raíces y mezclar en la producción percusiones imposibles con manipulaciones sintetizadas que elevan su voz hasta el éxtasis del karma, en Kala podemos encontrar desde fiestas en barriadas asiáticas, pasando por orgías de colores fruto del LSD, hasta canciones silbadas al viento alrededor de un corro de niños que hacen percusión con restos de armas encasquilladas. La denuncia del baile invade de nuevo los cascos.

El disco abre con “Bamboo Banga“, un despiece de ritmos progresivos que nos introduce en el torrente afroelectrónico que explota en “Bird Flu”. Los sonidos vienen de todas partes y M.I.A. bucea entre ellos dejando caer sus frases lapidarias, “mientras el de los tambores hace su mierda como el de Makarena”, enlazando metáforas revolucionarias con coches de lujo, que en algún momento nos pasan por encima, fundidos con el ritmo, y es que Kala consigue la hipnosis rítmica de Arular desde el primer tema.

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Describo su “Gripe aviar”, mientras los pies me bailan solos. Un ritmo increíble digno de danzas tribales para invocar al más pagano de los dioses o para correr por encima de la brasas con los pies descalzos. El productor de la mayoría del recorrido, Switch, deja que sea M.I.A. la protagonista de la producción de uno de los mejores temas compuestos a partir de percusión étnica de los últimos años. Mientras las voces de la barriada dejan caer gritos de niños y alaridos de gallinas en una locura casi zoológica.

Y así empieza todo. El disco se consagra con dos singles más. El segundo de ellos, “Boyz”, ha sido descrito por Juan Manuel Freire (RDLX) como “un latigazo electro-ragga-baile funk que debería haberse erigido en la única canción del verano en todas partes del mundo contra las horteradas de rigor. (…) Imposible quedarse quieto cuando nuestra guerrillera comienza a rapear. (…) Una delicia directa, pero también marciana. ¿Demasiado? Bueno, el mundo real se lo pierde”. Y a lo que nada tengo que añadir…

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El tercer single-clip es una versión de un clásico indio, “Jimmy”. Quizá el tema más dance, pachanguero y sin dudar pegadizo. No os perdáis la estética del videoclip de un tema con historia propia y razones para existir dentro de Kala.

Mi madre solía alquilarme como animadora de fiestas durante la guerra. En India lo máximo que puedes esperar por tu cumpleaños es una caja de galletas de chocolate McVite y bailando en fiestas comías esas galletas cada vez que ibas.
Tenía una pequeña radio, y con una capucha y una guitarra de cartón cantaba “Jimmy” y hacía mis coreografías.
Hace poco volví a India y sonó en el hotel donde me alojaba. Enseguida pensé “Oh, Dios, es mi jodida canción”.

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Por si os interesa saber más sobre esta canción, “Jimmy Adja“, fue uno de los singles de la BSO de la película Disco Dancer (1983), una de las tantas que produce Bollywood, la versión india de los estudios de cine más conocidos, y que curiosamente produce muchas más películas que su “homónimo”.

Lanzar los tres singles como los primeros temas del disco podría parecer arriesgado a priori, pero el conjunto de los temas resisten el asedio con confianza, ya que en los 12 cortes de Kala no hay ni un sólo segundo de relleno. El disco tiene varias incursiones en el hip hop electrónico en temas como “20 Dollar” o “Mango Pickle down river“, que bien podría ser del próximo disco de Quasimoto, con todo mi respeto a la vocecilla de los jóvenes Wilcannia Mob, un grupo de rap de chavales aborígenes, que le dan al flow y al didgeridoo. Por otra parte lo conforman temas que continúan la fiesta electro enfermiza como “XR2” o “World town“, donde las recortadas cargadas marcan el ritmo a los gritos de guerra que M.I.A. lanza cual sargento. Y es que construir un estribillo cantado por niños a lo Matilda mientras suanas disparos, para hacer un llamamiento por la situación infantil en el mundo, como hace en “Paper planes“, sólo se le podría ocurrir a ella.

Kala cumple soberbiamente las expectativas, no traiciona y profundiza en un estilo propio. Responde ante los fans de su primer trabajo con Diplo, una maqueta muy recomendable que sacó en 2004, introduciendo a éste en la producción de “Hussel”, y las colaboraciones de un desconocido africano y Timbaland ponen las guindas de denuncia y lujo de sonido respectivamente, que M.I.A. parece manejar ya como nadie.

No os perdáis su web. Imprescindibles gafas 3D y un bote de analgésicos.