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I Certamen de literatura HHzpain.net

bonito

Por : Vanessa M.

Algo me reconcome; alguien, en el eco de mis pensamientos, me pregunta e insiste, porque yo no contesto. No lo voy a hacer y ese alguien por alguna razón (quizá amistad) lo sabe, aunque sigue insistiendo. Supongo que por que le importo, no estoy segura. Creo que me gustaría contestar pero no se el que. Miro a mi alrededor y no veo nada. Salgo por esa puerta azul medio rota; acelero el paso por el pasillo de terrazo, giro a la izquierda, y empujo una puerta.
El estomago se contrae, por un momento me quedo ciega, sin pensamientos ni conciencia, mientras lo poco de vida que tenia se desvanece, la cabeza pesa y los ojos se nublan. Luego, sentada en el suelo, la respiración es lo único que me mantiene con vida.
Si recupero la conciencia puede que me levante, pero si he de ser sincera, no me apetece demasiado despertar, es mas, me gustaría dormirme muy profundamente, tanto que prácticamente estuviese muerta. Visto así el panorama quizá fuera mejor acabar con todo, cortar el hilo delo cotidiano. Me debo una respuesta, y no la encuentro.
El día paso lento y pesado. En al calle la gente me mira como a un bicho raro, no me importa. Soy producto de la sociedad, de los mismos que me miran mal, que me desprecian, que me ignoran. Nadie puede ser único y autentico, pero yo pretendo serlo.
Tras horas de tiempo vacío decido dejar de pensar. Mi boca se hace agua, mientras tambaleándome me dirijo hacia el baño apoyándome como puedo en muebles, paredes y suelo...; me vuelvo a sentir un poquito mas muerta. Pienso que ya no me queda nada, siquiera la desesperación. Enjuago mi boca con agua aun tambaleándome y temblando.
El camino hacia cualquier lugar es interminable, llegar es una odisea que conduce hacia ninguna parte.
¿Por qué empezó esto? Esa pregunta, a la que busco respuesta, ronda siempre mi cabeza. Un revoltijo de pensamientos intentan encontrar respuestas.
Mi piel por días se torna azulada, las ojeras aumentan, mi peso disminuye, y me siento sola.
Las horas han pasado, y vuelve a comenzar ese ritual en el baño, que se ha adueñado de mi cotidianidad y que rige mis pensamientos.
A la vez que mis ojos se nublan y ciegan, mis dedos vuelven a provocar esa cascada de vida, que se me escapa. Llegara un día en el que no me quede mas vida para derrochar. No estoy segura se querer que llegue ese día.
Sentada, apoyada en la pared, lloro. Que bonita es la vida, pienso. Pero me siento tan sola.
Los días pasan y la rutina es insoportable; mi estado, cada vez mas deplorable, me invita a dejar que todo se vaya. Me paso el tiempo comiendo y viendo la tele, y soportando, con resignación, ese trance que destroza mis tripas, me deja sin conciencia y que poco a poco me roba la escasa vida que contiene mi cuerpo, como si de un tarro con perfume de tratase.
Alguien lo dijo muy bien “empeñarse en morir o empeñarse en vivir”; el guionista de Cadena Perpetua debía ser bueno, por lo menos a mi la película me gusto. He de tomar una determinación antes de que sea demasiado tarde. No bien segura de mi decisión, no la tomaré a la ligera.
Que bonita es la vida. Estas cinco palabras rondan mi cabeza mientras espero en la sala de espera. Una señorita de bata blanca me llama, me levanto y la amable señorita, teñida de rubio, me acompaña hasta otra sala donde me espera mi destino.
He decidido empeñarme en vivir, porque por una vez quiero escribir el final de mi historia.
El medico me asegura de que no habrá complicaciones. Me preparo para ser internada en un hospital comarcal. Un psicólogo me ayudara a superar mis traumas y miedos. Calculan que en un par de años todo habrá acabado. Alguien me visitara todos los días. Y cuando, por fin halla superado la bulimia, creeré que la vida es bonita, otra vez.

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