El enjambrePor : Angel R. Mi barrio es conocido como El Enjambre por la apariencia de colmena en la que viven sus habitantes. Sin embargo, tengo razones para pensar que no es ese ni mucho menos el verdadero motivo…
Cuando yo crecí aquí, hace de ello más de veinte años, el aspecto del barrio distaba y mucho de lo que es hoy en día. Aquellos eran otros tiempos…
Mi mejor amigo se llamaba Víctor, El Tuerto. Le llamábamos así porque de niño se había saltado un ojo con el capuchón de un bolígrafo en clase de Religión. Su padre había muerto al descolgarse el ascensor en el que subía en el mismo momento en que lo abandonaba. Lo que enterraron la tarde siguiente no fue más que un puto guiñapo de cuerpo, pero a El Tuerto nunca pareció importarle demasiado... Su hermana, Carmen, era tontísima, de las que pensaban que inmolarse era no gustarse a sí misma, pero tenía unas tetas que te cagas la hija de puta.
De niño, cuando aún no teníamos ni puta idea de sexo, éramos unos salidos de la ostia, menos el Carlos claro, un amiguete del colegio al que llamábamos El Abierto.
¿Qué por qué?
Según contaban porque le habían dado por culo detrás de un arbusto mientras jugaba al escondite, pero yo personalmente sospechaba de su padre, que era un gilipollas y además mazo de franquista el bastardo.
Su madre era amiga de mi madre, pero apenas hablaba, como si tuviera ella misma dentro la polla que le partiese el culo a su hijo.
Éramos la ostia.
Todo el día jugando y pateando el barrio de aquí para allá, con los putos balones y las chapas…
Una tarde estuvimos viendo a dos yonkis follando detrás de la tapia del colegio, el Carlos se había ido llorando, y cuando terminaron, les tiramos piedras y nos largamos corriendo. Cuando nos sentamos en el parque el pecho se me salía por la boca, pero no paramos en ningún momento de reír…
A veces pienso como he podido ser un tipo normal con aquella infancia.
Algunos domingos íbamos a la Iglesia a jugar al Ping-pong y al Monopoli en una sala abierta para el respecto.
Era divertido, pero una tarde el Paco y el Luis se metieron con la Carla en el servicio y cuando salieron y dijeron que les había estado chupando la polla agarré mis palas y me piré.
¿Qué mierda era esa?
Yo estaba enamorado de aquella cría como nunca lo ha estado nadie, o al menos eso creía, porque días después me recordaba pisándole el cuello al hermano, un gilipollas que decía que a los negros había que matarlos.
¿Y el fútbol?
Jugábamos al fútbol como auténticos enfermos. Me recuerdo madrugando para pillar las porterías en los campos, concentrándome bajo las sábanas para ser mejor jugador, regateando al Lucas, y al Sergio… mucho antes de los porros y el calimocho…
Desde luego es curioso.
Todo ese torrente de personas de un lado para otro sin pararse a pensar lo que nos ocurría a nosotros.
A veces me frustraba pensando que a nadie le importase no enterarse de todo lo que nos pasaba… pero se me pasaba rápido.
Éramos tan pequeños…
Todos hijos de los mismos sueños rotos, todos mártires de un mismo destino, a la postre, la misma mierda fruto del mismo podrido engranaje. El piso, el coche y las vacaciones... como putas liebres, cada vez más rápido, sin pararse a pensar en que aquellas calles nos estaban devorando.
Cada vez que volvíamos borrachos del bar de turno, cada vez que de pequeños volvíamos del pueblo enfrentándonos otra vez a las mismas caras y a los mismos enfermos, cada tarde de viernes, después de plástica, en la parte de atrás de un colegio…
…cuando te quedabas parado un instante en silencio, quieto, podías escuchar en mi barrio un lejano zumbir, como el de miles y millones de abejas agitándose bajo tus pies…
…pero nadie les hacía caso. |