En esta ocasión os traigo una de las películas más poéticas de la historia del cine: Andrei Rublev de Tarkovski. El film retrata la vida del mismo Andrei Rublev, un reconocido pintor ruso de iconos y frescos de principios del siglo XV. La película contó con el apoyo financiero de la URSS en un momento, el final de la era Kruschev, de apertura ideológica. Desafortunadamente, tras el rodaje de la película -4 años después-, el cambio de timón en la Unión Soviética había vuelto a cerrar con candado el mundo que rodeaba al eje comunista, y la cinta fue prohibida. Sólo después de la presión de varios festivales de cine y varias gestiones internas del mismo Tarkovsky se consiguió que Andrei Rublev viera la luz -con algún que otro corte, claro. A partir de entonces la mayoría de los films de Tarkovski fueron rechazados. Todos, excepto tres: dos de ciencia ficción, Solaris y Stalker, y una autobiografía, El Espejo. Bajo este clima opresivo hacia su arte, Tarkovski decidió abandonar la URSS y quedarse en la Europa Occidental cuando rodaba la película Nosthalgia en Italia.
Andrei Rublev, sin duda, es su mejor película y una de las más poéticas que se hayan filmado jamás. Con ella retrata minuciosamente una Edad Media calamitosa, bárbara, delicada y bella al mismo tiempo, cada pasaje de la película, que dura más de 185 minutos, es una delicia, desde la subida a los cielos mediante un globo a la construcción de la campana. Rublev va comprobando horrorizado en cada etapa de su vida los vestigios imperfectos, con aquella dualidad de crueldad y belleza de la que hablábamos antes, del ser humano. Y nos hace comprender que lo único que puede salvar a la humanidad, o al menos lo único que nos queda de todo, es la belleza, la comprensión interna de la belleza.
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