
A veces sueño con deconstruir la música clásica, mitigar la aparente armonía de cualquier obra maestra, romper estructuras, escuchar el sonido de un plato al estallar contra el suelo y esparcirse en pedazos, y vibrar con un despropósito de símil eléctrico. Sólo lo consigo de dos formas: una, cuando giro en sentido contrario cualquier pieza de Mahler en el tocadiscos, y otra, cuando escuchó a un pianista llamado Uri Caine. Este tipo, aparentemente metódico cuando le da la real gana y toca para los viejos anárquicos del Village Vanguard, y ultra-vanguardista cuando tiene que ponerse delante de una partitura de 2 siglos y joder al personal de cualquier revista especializada, es una de las grandes figuras de la música moderna. Esta multi-polarización de su música es probablemente el motivo por el que me tiene intrigado.
Por un lado, tenemos esa formación dentro de los entornos más jazzísticos, donde no suele ir más allá del jazz perniciosamente clásico (Sphere o Village Vanguard), utilizando obras de pianistas como Herbie Hancock o Thelonius Monk, entre otros. También podríamos incluir sus trabajos más periféricos, donde actúa con la misma finalidad, siempre siguiendo una pauta. El lado bueno de Uri, corrección y virtuosismo. Por otro, nos encontramos con una segunda cara, la del músico de jazz que se lanza a tocar piezas clásicas y a no tocar; inventar (Plays Mozart, Dark Flame o Bedrock). Son los trabajos donde hay desbocamiento, destrucción, recomposición, experimentación y perdida de sentido.
Es como si todo el universo girara a su alrededor en forma de piezas de puzzle y al dar un golpe, todas ellas se esparcieran para después volverlo a construir sin que sea necesario que encajen las piezas. Dando forma a un universo paralelo. Un universo más libre, menos oscuro, menos uniforme y más imperfecto. Así, el afrobeat o el klezmer consumirían la obra de Mozart -o al revés-, para mostrarnos otra forma de interpretar, no sólo la historia, sino la vida. Y donde un coro gospel y el bel canto se superponen para dar un mensaje global, a través de la eterna paradoja musical. La paradoja que Uri Caine nos ha roto en pedazos.
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July 2nd, 2007 at 3:14 am
ai Uri Uri..si tú supieras lo divertido que resulta comprar tus discos…haces de rabiar a la vecina, un poco de ejercicio, algunas cosquillas, sin duda un par de risas y dos o tres YA TE VALE acabando por el “esto si lo ves lo tienes que comprar”… y si cada vez que lo miras sale de la nada un disco nuevo..con tapitas de colores distintos para que no te equivoques y creas que ya lo tienes…sí… más te vale seguir siendo bueno!
