θ: El mundo sería maravilloso sin la intervención del humano.
δ: ¿El qué?
Parque Nacional de Oulanka (Laponia finlandesa)
θ: El mundo sería maravilloso sin la intervención del humano.
δ: ¿El qué?
Parque Nacional de Oulanka (Laponia finlandesa)

α6: Es usted un pecador.
θ: ¿Cómo?
α6: ¿Ha expiado sus culpas?
θ: No le entiendo.
α6: Sí que me entiende. Y va a ir derechito para allá.
θ: No le entiendo nada, ¿por qué tendría yo que expiar mis culpas? ¡¿Qué culpas?!
α6: Mire, nacer es un síntoma de debilidad universal… Para que usted me entienda, nacer es pecado y debió pasarse la vida martirizándose por ello. No me haga perder el tiempo y váyase.
* Extracto del Nacimiento del Nuevo Hombre de Dalí

α21: ¿Y a qué especie dice usted que pertenece?
θ: Homo sapiens, de la familia de los homínidos.
α21: ¿Sa-sapiens? [...] No sabe dónde está, ¿verdad?
θ: No le entiendo.
α21: Mire el cartel de la ventanilla.
θ: Vaya…
α21: Así es, se ha equivocado, le indicaron mal o vaya usted a saber. Esta ventanilla sólo es válida para la especie Homo neanderthalensis.
θ: Pero… No es posible, creía que se extinguieron hace miles de años… No-no…
α21: Ja. Ya ve que no fue así. [...] Y recoja esos bártulos suyos díscolo involucionado.
* Extracto del Nacimiento del Nuevo Hombre de Dalí

θ: Entonces, me está diciendo que he esperado toda la fila para ésto.
α1: Bueno, usted y todos aquellos que querían conocerlo.
θ: Sí, pero reconozca que su respuesta es algo desconcertante.
α1: Oiga, sólo soy un pequeño funcionario, si quiere escuchar otra realidad, vaya a otra ventanilla. Yo simplemente puedo decirle esto.
θ: ¡Que soy imaginación! ¡Vaya respuesta! Entonces, ¿ni usted ni yo hemos existido? Sólo somos sueño. Un sueño sin pies ni manos…
α1: Así es, aunque hay una cosa que se le escapa.
θ: ¿El qué?
α1: El sueño no es más que una pesadilla, la más horrible imaginada.
* Extracto del Nacimiento del Nuevo Hombre de Dalí

β: Y eso es todo.
θ: No lo entiendo. ¿Por qué?
β: No lo sabemos, es posible que se deba a un pequeño filtro, una mala configuración, ¿sabe?
θ: Sigo sin entenderlo.
β: Es simple, como le he dicho antes: Es un hecho que se da cuando la naturaleza está en equilibrio y existe armonía. Dada esta situación de eco-bienestar -eso que ustedes hacen llamar Gaia-, la existencia de una pequeña distracción da lugar al desastre que puede ocasionar un ente “auto-consciente” dentro del sistema. Como le he repetido antes, la entrada de este ente consume poco a poco su entorno, tal y como actuaría cualquier virus. Se propaga rápidamente, y las consecuencias no son otras que la fatal y total desaparición de la entidad en equilibrio.
θ: ¿Y no hay nada que hacer?
β: Nada.
θ: ¿Y por qué la Gaia no puede regular este comportamiento?
β: La Gaia ofrece un tipo de protección secular en forma de conocimiento colectivo a todos los entes no-conscientes. Lo virus, los auto-conscientes, no perciben esta fuerza, y no pueden estar nunca en armonía con ella. Es por eso, y no por otra cosa, por lo que actúan de esa forma.
θ: Entonces, está insinuando que el virus no pertenezca a la Gaia.
β: No lo insinúo, el virus no pertenece a la misma.
θ: ¿Y cómo es posible que se pudiera establecer en ella?
β: Ocurre lo mismo cuando introduces una modificación en cualquier atmósfera. Esta modificación acaba propagándose y rompe el equilibrio global del eco-ambiente.
θ: Es decir, que este virus fue introducido ahí. Pero, ¿cómo…? Y, sobre todo, ¿por quién?
β: Esas cuestiones no podemos contestarlas nosotros, no estamos autorizados, tendrá que ir a otro departamento. Dispone de cuatro departamentos diferentes en los que puede resolver a sus dudas. Gracias. ¡El siguiente por favor!
*La foto es un extracto del cuadro Desequilibrio del pintor J. Gamboa.
μ: Creo que usted es el siguiente.
θ: Sí.
μ: Bien, pase.
θ: De acuerdo.
[...]
μ: Siéntese, ¿el viaje bien?
θ: Sí. Bueno verá… algo movido, sabe usted.
μ: No se preocupe, al principio es todo así, ya se acostumbrará.
θ: Ya, entiendo.
μ: Bien, ¿y le ha costado encontrar esto?
θ: No, no, todo bien. Era directo.
μ: Sí, la verdad es que no tiene perdida. Me puede decir su número de identificación, por favor. El que le han dado en la entrada. Ese que…
θ: Claro, es el 39290W1611980P31415E265.
μ: Bien.
θ: También puedo enseñarle el documento de identidad….
μ: Nnnnnnnnnnnnnn…
θ: Ah, no.
μ: No, verá, aquí no sirve. Ya se acostumbrará, no se preocupe.
θ: Ya, de todas maneras tampoc…
μ: No se preocupe, se acostumbrará. Bueno, ahora si me permite puede darme esos papeles que también le dieron antes, para comprob…
θ: Sí, por supuesto. Tome.
μ: Sí, gracias. Si me permite tengo que leerlos…
θ: Sí, no tengo prisa.
μ: Claro, ya se acostumbrará. Es difícil la primera vez.
θ: Sí.
[...]
μ: Bien, aquí dice que usted no…
θ: Ya, es difícil, sabe.
μ: Ahá. ¿Por algún motivo?
θ: No sé. Por todos o por ninguno. No me acuerdo.
μ: Ahá. Tampoco parece que lo apreciera mucho. Es lo que dice el informe. Aquí. Mire.
θ: Sí, bueno, todo fue muy efímero, sabe.
μ: Ahá.
θ: No pude cogerle cariño.
μ: Ahá… Sí. Pero deberemos empezar por el principio, me temo.
θ: Claro. Desde el…
μ: Desde que comenzó todo.
θ: ¿El principio?
μ: Sí, el principio, ya sabe.
θ: Fue hace cuarenta años, pero yo no quise.
μ: ¿Por qué?
θ: Verá… me obligaron.
μ: ¿Quién?
θ: Ellos.
μ: ¿Quiénes?
θ: Ellos.
μ: ¿Ellos?
θ: Ellos lo hicieron, yo no tuve nada que ver. Fue sin mi consentimiento, de verdad.
μ: ¿Así?
θ: Sí. Siempre me negué, pero nadie me escuchó.
μ: Vaya, lo siento, pero…
θ: No importa.
σ: E-R-R-O-O-O-O-O-O-R-R-R-R-R.
θ: Eso…
μ: Lo siento, hay grietas y a veces se escuch…
θ: ¿Dónde?
μ: ¿Cómo?
θ: ¿En qué pared?
μ: ¿Pared?
θ: Sí, pared.
μ: No, verá, aquí no hay paredes.
θ: Entonces…
μ: De hecho, verá que aquí no hay nada.
θ: Es verdad, lo siento.
μ: No se preocupe.
θ: ¿Dónde estamos?
μ: En mi oficina, ¿recuerda?
θ: Ah sí, es verdad.
μ: Prosiga, por favor.
θ: ¿Por dónde…?
μ: Comienzo.
θ: Claro, disculpe. Yo creía que todo comienzo era un error, sabe. Eso ya lo sabía entonces, y no quería provocarlo. Siempre procuraba estar al margen y lo hice durante mucho, pero al final me encontraron y me obligaron a iniciar el proceso. No quería y ahora…
μ: Bueno, pero sabe que alguna vez le tocaría empezar, quisiera o no, y tampoco se puede escapar, ¿verdad? Fuera no hay nada.
θ: Sí.
μ: ¿Entonces?
θ: No sé.
μ: Ya. De todas maneras ahora tendrá que volver… Es así, no hay vuelta atrás, está en la naturaleza.
θ: ¿Cómo?
μ: Mire, le seré sincero, todo está viciado desde el día del comienzo, y todo lo que haga no será otra cosa que sinónimo de podredumbre. Una vez que llega aquí no le queda más remedio que volver empezar. Todo es un ciclo que no se detiene, ¿entiende? Usted no tiene más opciones.
θ: No, verá, yo…
μ: Lo siento.
θ: ¿Y no hay forma de…?
μ: Difícil. Tendría que cambiar todo. Y los cambios nunca abarcan un todo. Mírelos… ¿usted lo cree posible?
θ: Psssff
μ: ¿Verdad? Usted está abocado a volver aquí y volver a pasar por todo otra vez, y otra y otra. No lo piense, no tiene opción.
θ: Yo no…
[...]