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ENTREVISTA A MEKO
[texto]: zion

 

No hay más racismo, sólo se expresa el que antes se tapaba

Entrar en Zona de Guerra es dar un paso al mundo real, a un mundo cruel, en el que la desigualdad y la injusticia marcan un paso definitivo hacía decadencia del planeta. Meko se desliza entre imágenes oscuras, llenas de tristeza y melancolía, en las que el dolor arrasa todo tipo de inminente alegría...

ACTITUD

Hace 10 años que dejó su país, Guinea Ecuatorial, para estudiar Empresariales en España. Al hablar de su pasado se muestra muy comedido, no quiere apenas hablar y responde muy escuetamente, no cede más de lo necesario, y a veces ni eso. No parece sentirse cómodo, así que mejor cambiar el rumbo de la conversación, hablaremos del mensaje de su disco, un álbum en el que Meko ha contado mucho más “del mundo”. Arrastra un mensaje bastante pesimista, en lo que se refiere a como giran las cosas, aunque Meko no lo considera así, sino “realista”, en el LP tan sólo se muestra la vida tal y cómo es, dura porque cada canción “es una Polaroid, una instantánea del mundo”.

Un disco que llegó en un momento de desesperación, al ver el mundo en triste abismo. Considera que hay un cambio de “actitud” en su Hip Hop, y es que “alguien dijo una vez que escribía más cuando en el corazón hay tristeza”. Ya no es el mismo, se sincera, puede que su alma sí, pero su manera de afrontar la vida, ha tornado diferente. El grito que sugiere Zona de Guerra se preparó a fuego lento como consecuencia de ver la realidad que trasmite el documental de Michael Moore, Farenheit 9/11. “Me sentí triste, no por Bush porque no nombro a nadie, evidentemente no lo van a escuchar. Pero te das cuenta de cómo está el mundo, hay gente que lo tiene todo y al lado hay gente que no tiene nada. Hemos vuelto a una época de pre-revolución”.

¿Alguna solución? “La gente que no tienen nada debería luchar”. Dentro de Meko, hay un alma revolucionaría, ganas de cambiar el mundo no le faltan, aunque, por supuesto él no es ningún “comunista ni nada”. Muestra gran admiración por varios personajes que han sido realmente importantes en diferentes esferas para la historia de sus naciones y han dejado grandes “legados”, desde el recientemente fallecido Yasser Arafat que luchó por la independencia del pueblo palestino, a Patrice Lumumba, un sindicalista reconvertido en político que logró la independencia de la República Democrática del Congo, o el activista norteamericano Malcom X, gran luchador de la causa afro americana y del islam. Todos ellos tienen en común, ese pequeño paso que ofrecieron por la causa, y ese gran paso que consiguieron por los derechos de sus países o colectivos.

El alma revolucionaria es invencible, y se muestra confiado ante esa hipotética resolución, antes o después tiene que pasar, “pasarán 1000 años pero seguro que pasará. Es como en el patio de vecinos, si tiene mucha comida y tu no, y tienes que alimentar a tus hijos, llegará el día en el que no aguantes más y vayas a por su comida”. Pero la realidad se muestra distante a esa hipótesis, ya hubo grandes posibilidades tiempo atrás, incluso en España donde la colectivización fue un éxito en la Guerra Civil hasta que el gobierno comunista republicano decidió que perjudicaba sus intereses ante otras naciones libres que podrían ayudarles durante la guerra. Así que... ¿sería posible que sucediera todo esto otra vez? Para que haya una gran revolución, tendría que haber un cambio totalmente radical... “Mira, soy un hombre de paz pero los cambios creo que tienen que ocurrir con una catástrofe. Y a veces ni así, porque el que esté arriba velará por su culo”. Y cambios, muchos cambios, han pasado desde que ciertos ‘profetas’ eligieran una fecha en concreto para dar un vuelco al mundo, dejarlo sin respiración y estupefacto ante la barbarie de unos y otros, es decir, ante lo de siempre. Pero quizás esta vez que parecía que se conseguían pasos hacía delante, se daban bastantes hacía detrás de un tirón, y uno de los males, el racismo, volvía a ser justificación de vejaciones y discriminaciones. “El racismo no es que haya vuelto con todos estos acontecimientos, sólo se expresa el racismo que antes se tapaba pero no hay más racismo”.

El disco explota con un grito de indignación, las desigualdades cada vez son más acentuadas. En África, desgraciadamente, la diferencia se hace más grande y deberían despertar, nos dice, para continuar, “todo esto ocurre porque el hombre es malo por naturaleza. Tu vecino no tiene nada, y te la suda, procuras que no tenga, por eso está por encima de los países”. Incluso sorprende como todo esto también se hace notar en el país más poderoso de la tierra, Estados Unidos, donde la pobreza extrema y la riqueza más voluminosa pueden convivir en el mismo barrio, ¿el mayor mal de todos es el capitalismo? Claro, pero avisa, que no se descuide Europa, que va en el mismo camino, “tiene que haber una concienciación muy grande, sino, privatizarán todo”.

APTITUD

Y el capitalismo destruye el Hip Hop y sus valores, las imágenes que nos trasladan cadenas de televisión como la MTV son bastante claras; raperos con dientes forrados en oro, enormes y lujosas casas, mujeres espectaculares y una vida de fábula. Todo ostentación. “El rap comercial también refleja el sueño americano, y el sueño americano refleja el capitalismo americano, que no es otra cosa, que subir a cualquier precio”. ¿Quién se beneficia de todo esto? Evidentemente “los ricos”, crean un sueño americano que como tal, realmente, ya no existe. Y no existe porque mucho ha cambiado desde aquellas décadas de 1950 o 1960 en las que se intentaron algunas políticas para proteger al pueblo, pero, ¿qué quedo de aquel Estado de Bienestar? Los políticos han aprendido desde la guerra del Vietnam que lo mejor es tener a sus comparsas enganchaditos a la televisión, “El Estado se beneficia de la tele basura, para controlar a la gente”.

Los valores del Hip Hop están siendo prostituidos, esos sentimientos de lucha social, de querer e intentar cambiar el mundo, se dejan a un lado por otros elementos mucho más enriquecedores –irónicamente hablando, claro-, el materialismo. “Cuando en el rap se habla de pasta, de coches y de follar es que algo falla. En el rap tienes que contar algo, si no es mensaje social que sea mensaje de calle, pero tienes que contar algo. El Hip Hop es Hip Hop, no es competición, hay que decir cosas. Pero los americanos ya no tienen nada que decir, yo en cambio he vivido muchas cosas... y lo puedo hacer”. Como Meko continúa hablando: rimar por rimar es fácil, él mismo podría hacer el disco más genial con un flow extraordinario, pero... ¿y las emociones?¿dónde se quedan?. “El rap tiene que ser consciente, rimar por rimar es muy fácil, yo mismo he desechado rimas con mucho flow. Lo más importante es lo que yo diga, primero me tiene que representar a mí, y después a mi gente”.

La nostalgia cayó en manos de la rabia, este podría ser el titular, y es que el disco iba a llamarse A 6000 Km. de casa, pero se cruzó la realidad y el concepto cambio. Meko no se considera una persona fría, una persona de hierro, piensa que es muy temperamental y apasionado, y una persona que se mueve entre dos mundos muy diferentes. Sobre su país de origen muestra su añoranza sin tapujos, “claro que les echas de menos, es tu gente, con los que te sientes mejor. Es tu país simplemente porque sientes algo especial por los años que te dan los recuerdos, no por el pedazo de tierra. Allí das tus primeras pasos, pero tampoco soy de aquí porque no me dejan ser de aquí”.

El mensaje negativo de su disco, también le llena esa mañana, me comenta que la única solución sería desaparecer, incluso entre bromas, se atreve a ironizar sobre la vida inteligente de otros planetas.”Espero que los extraterrestres no se parezcan a nosotros, porque si tienen más tecnología nos vamos a cagar”. Pero no todo es del mismo color, el disco de Meko guarda una sorpresa final, el Outro tiene un alma esperanzadora, que tan solo intenta hacernos navegar a la deriva en un “mar de tranquilidad” y de sensaciones. “Después de hablar tanto, es como dejar que la música fluya...”.

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