Flying Eupsylon

Rufus Wainwright y las estrellas de Madrid

06 Jul

Entras en La Ribera y te sorprenden las palmeras. Te preguntas quien será el decorador que decidió transformar traer a Madrid el olor de los besos en la playa. La visión es variopinta. Unos como piedras en primera línea, por si consiguen oír la música resonar a través de la tarima, bajo el piano. Otros animándose con una copichuela que te pides te ponen y pagas en la oscuridad. Otros sentados en las escalinatas esperando a que el concierto empiece o a que el bajón de tensión se pase o a que la cámara deje de grabarles.

Cambian las luces, la gente se apiña, el concierto empieza. Los teloneros estadounidenses cantan en español, sin acento, con un deje pasota de barrio. Estos no son estadounidenses. Nos los han cambiado. ¿Quiénes son? Ni idea. No suenan mal. Aunque mis inexpertos oídos necesitan absorber los experimentos poco a poco. Aplausos. Debía de ser el primer o segundo concierto que daban y es difícil tocar delante de un “crack tan crack como Rufus”.

En los diez minutos de descanso la gente se apiña. Los bajitos jugamos con desventaja para esta clase de deporte. La suerte de siempre, dos armarios delante. Por suerte entre hombro y hombro se ve algo. Cambian las luces. Empiezan a entrar uno a uno los que hemos realmente venido a ver. ¿Cuál de ellos será Rufus? Ni idea, con esta luz, esta distancia y estos ojos… no chance. La música ya ha empezado. Menudo cambio con los telorenos. Le anuncian, aparece, aplaudimos todos. Ahí está.

Frente a nosotros, Rufus Wainwright. Y su Release the stars.
“Hello” y se pone a cantar. Presenta una voz potente, una música de fondo preciosa y es de suponer una buena letra. Acaba la canción, se pone a hablar con nosotros. En inglés. ¡Qué soltura!¡Qué experiencia tiene que tener!Es muy divertido. Los dos armarios de delante entre foto y foto comentan que ya ha valido la pena el haber venido. Tienen razón. Las canciones se suceden mientras Rufus unas veces canta, unas canta y toca la guitarra o canta y toca el piano. Su voz es muy bonita consigue eliminar a casi todos de la sala y dejarnos a nosotros dos frente a él. Tocando para nosotros. Cantando para nosotros.

Llegó el momento de incluir al público en el show. El mítico topicazo de que todos aqui sabemos sevillanas puede con este estadounidense y nos ponemos, con más o menos garbo, a dar palmas mientras él inmutable nos da las alas. Nos elogia. Le elogiamos. Nos pregunta cómo se dice “clap” y decimos “palmas”. Señala a la palmera y dice “palmas”. “No no” responde alguien, “palmera”. Sonrie: “palmas, palmera, different”. A este hombre se le dan bien los idiomas.

Y sigue a lo suyo.

Tras hora y media medida y diez minutos vividos se despiden. Rufus se va. Los demás siguen tocando. Al cabo de un rato él vuelve los otros se van. ¿Qué hace en bata? Toca, canta, toca y canta. En inglés, en francés. Me pondría a bailar si eso no supusiera pisar a los cinco pares de pies que están a mi alrededor. ¡Qué preciosidad!

Deja de tocar. Se sienta frente a todos nosotros y se pone lentamente un pendiente de “brillantes” en cada oreja. Se pinta los labios. Entran todos los músicos. En smoking. Se levanta. Se quita la bata. Y aparece un Rufus Wainwright en espokin de rodilla para arriba. Se ponen todos a cantar y bailar como si fuera un show. Pero uno de los buenos. Estamos encantados. Actúan para nosotros, qué delicia.

Un tema, dos, no sabría decir. El caso es que llega a su fin. Y aplaudimos. Aplaudimos mucho. Rufus se va. Aunque no del todo.

One Response to “Rufus Wainwright y las estrellas de Madrid”

  1. 1
    Fernando Says:

    La verdad es que el hombre tiene tablas, no todos se comportan como él. Suelen ser todos más bien sosillos… Este hombre irradia humor jejeje Y luego la voz, me parece espléndida… La verdad es que sí mereció la pena todo, en especial la compañía :p

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