| Aquí en España, hay un grupo
de menos de cien personas que definen lo que es el rap y determinan
lo que nunca podría serlo. El público, esa “masa
de toyacos” que le compró cincuenta mil copias
a La Mala, no tiene derecho a elegir lo que le gusta ni a
reclamar una calidad mayor en el trabajo de productores y
mc´s. ¿Por qué? Pues porque el grupito
de los cien ya ha decidido que su música es buena
y que los que no la consumen es porque no les gusta el rap.
Pues no señores, de eso nada. A muchos
nos encanta el hip hop, incluso hay quienes lo respiran más
que el oxígeno, y nos parece lamentable lo que habéis
decidido sin contar con nosotros. Después de una lucha
titánica por sacarlo adelante que arrancó a
finales de los ochenta (y que siempre os hemos reconocido),
estáis convirtiendo la cultura en un club privado donde
no se premia el mérito sino el colegueo. Lo notáis
tanto como nosotros: La atmósfera pesa cada vez más,
las críticas en las revistas se escriben antes de escuchar
los acordes de la primera base, y habéis preferido
los trabajos pobres a la innovación y el compromiso
de los grupos que no conocíais.
Reclamáis el calor y el apoyo de los
medios y sin embargo no ofrecéis profesionalidad a
cambio. Naturalmente, igual que en el Antiguo Régimen,
consideráis que los que mandan tienen el derecho divino
de que les paguen sus gastos todos los “analfabetos
e ignorantes” que deberían pincharles sus discos
en prime time. Entonces, os enfrentáis de un testarazo
con la realidad, porque nadie os reconoce nada en casi ninguna
parte. Una vez más… ¿qué pensaríais
de una música en la que se repite la misma melodía
más de seis veces por minuto? ¿Qué opinaríais
de un productor que se baja de internet muchos de los sonidos
de sus bases, a sabiendas de que el formato mp3 deforma y
distorsiona los bombos y las cajas? ¿Cómo podéis
alabar “la machada” de uno de los mejores b-boys
de nuestro país cuando decide meter con calzador en
uno de los dos temas del disco a su compañero de piso
“porque le hacía ilusión rapear”?
Si queréis vivir de ello, sed profesionales.
Si no, preparaos para cuando los que ahora tienen de quince
a diecisiete años comprendan que llevamos ofreciéndoles
el mismo producto, con honrosas excepciones eso sí,
desde el 2000. Entonces, ya no serán los DJ´s
los que no os pincharán en las salas porque despreciáis
constantemente al público que no pertenece a nuestra
cultura, sino que serán nuestros propios chicos los
primeros en abandonarnos. El grupito de los cien
se irá con la misma elegancia a la que ya nos tienen
acostumbrados: Con más insulto y menosprecio.
Otro drama, igualmente penoso pero menor
en importancia, es el de la justificación corporativista
de un trabajo mal hecho. Aquí, dentro de los boys
del Antiguo Régimen, no se ha escuchado una voz más
alta que otra al referirse al trabajo de un grupo amigo desde
los tiempos en que Javi Ibarra daba el tono en la bañera.
Eso de la prensa libre, la libertad de criterio y las críticas
constructivas supongo que lo dejan para los ambientes en los
que la opinión del público importa algo.
La verdad es que a los cien hay que reconocerles
una aplicación inmejorable de los pasos para conseguir
una buena propaganda que aparecen en los manuales: 1) Simplificación
y enemigo único (se busca una adversario del
cual diferenciarse); 2) unanimidad y contagio
(se busca la unidad de criterios dentro del partido, se realizan
discursos de unidad y se los transmite a las masas); 3) exageración
y desfiguración (exacerbar un defecto para
descalificar al adversario, y llevarlo a su máxima
expresión); 4) transfusión
(ofrecer la idea de cambiar viejas ideas por nuevas); 5) orquestación
(puesta a punto de todos los elementos de la campaña
en los medios y las actuaciones).
Esto es lo que han hecho con los que se oponían a su
forma de ver el rap durante los últimos diez años.
No espero que hagan menos conmigo, pero supongo que la verdad
irá abriendo brecha y que ninguno de los que ahora
defendemos, trabajando por la noche sin cobrar un euro muchas
veces, la música negra en general y el hip hop en particular
aceptaremos una vez más esas ruedas de molino con las
que nos han hecho comulgar diciendo que no hay alternativa
ni mercado para un rap diferente y elaborado como el de Tremendo
Menda en Vidalogía.
Nunca habrá alternativa ni mercado si no actuamos con
profesionalidad, si confiamos en los colegas y no en los que
se dejan la piel, y si nos repetimos delante del espejo que
"algún día alguien apreciará nuestro
trabajo". Que no os engañen, ese día no
llegará nunca si nosotros no queremos que llegue...
por eso, ¿a qué estáis esperando?
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