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CADENA PERPETUA
[texto]: Fernando Martín

 

Cada vez leo, con más asiduidad, críticas de periodistas especializados que delimitan con cuatro paredes a la música, y entrevistas a artistas que hablan de la experimentación como algo banal. Nos encontramos aquí, ante uno de los grandes problemas de la música de hoy en día en España: la falsa limitación musical.

El hip hop es uno de los géneros más afectados por esta sarna, y es por ello, por lo que nos tropezamos cada vez con más grupos que suenan iguales. La falta de cultura musical en el hip hop frena la evolución de una música tan liberal. Los grupos que se sobreinfluencian, sin llegar a interpretar o asimilar lo que escuchan, acaban notándolo en el resultado de sus discos, que no llegan a desprender ningún elemento o forma que podamos llamar propia. Estamos hablando del 65% de los trabajos editados en España. Del mismo modo, la cerrazón de los jóvenes que escuchan hip hop a oír otras músicas, influye en ese conformismo persistente al valorar estos trabajos, que los sellos, por otra parte, editan como churros. Todo vale, y no debería ser así. Si este género ha podido beber y nadar de aguas tan preciadas como el jazz, el funk, el soul o la electrónica, ¿por qué los “bboys reales” no profundizan en estos estilos? Pero no queremos parecer ingenuos, si la gran mayoría del público de hip hop español ni siquiera escucha a los clásicos, no conseguiremos que escuchen otras músicas. Así las cosas, sin el conocimiento musical pertinente es imposible que haya innovación.

Por no hablar de muchos periodistas especializados que se ven atrapados y desconfían cuando un disco de hip hop se sale de sus límites musicales. No saben como encajarlo y se atrancan ante términos como glitch hop, grime, chip hop o indie hop. Ese miedo que sienten al encontrarse con un disco que contiene elementos de un estilo que nunca han escuchado, les obliga a despreciar un trabajo que en unos años podría ser un clásico. El lema “dispara primero y luego pregunta”, funciona a la perfección. ¿Por qué lo consienten esos medios?, ¿es un complot a favor de la desinformación musical? ¡Queremos leer a periodistas que nos instruyan! Al menos, me conformaría con que supieran algo sobre lo que escriben. Claro, que algún día se darán cuenta (los medios, digo), o eso esperamos muchos, que corre más hip hop (cultura, amor y sentimiento) por las venas de Autechre que por las del 50Cent de turno. Eso y que además, es más profesional buscar a personas cualificadas, antes que sortear un disco entre cualquier impresentable de la redacción que piensa que Autechre es una paradisíaca isla austriaca. Pero ya será demasiado tarde, no llegaríamos a tiempo de evitar una catástrofe cultural entre los fanáticos “bboys reales”, y la falta de bagaje musical acabará resintiéndose entre los lectores, que van a despreciar todo lo que no suene a como está delimitado. Así volveremos al punto final del párrafo anterior. Pero que no os engañen, si de algo debemos estar seguros, es que nadie puede limitar la música. Leíste bien, nadie.

Y aunque éstos intenten negar lo innegable, a la música no se la puede cerrar entre cuatro paredes. La música ha sido siempre una acumulación de conocimientos, experiencias y culturas que ha vagado en libertad, recorriendo un universo infinito de sonidos y formas, hasta que alguien ha sido capaz de darle un nuevo matiz, creado a partir de sus propios elementos. Los cánones no existen. No podemos encerrar a la música en un baúl, sola con sus recuerdos más antiguos, acabaríamos con su esencia y sería un genocidio cultural.

La historia nos demuestra que hasta la música más clasicista, como por ejemplo el jazz, siempre ha acabado experimentando a partir de otros sonidos para intentar tocar un invisible techo musical, aún de la impasible negatividad de los puristas, los cuales, más tarde, han cedido ante la obviedad. Sin Louis Armstrong y Benny Goodman el swing no hubiera transformado al jazz durante el primer cuarto del siglo XX, sin la aportación de Dizzy Gillespie y Charlie Parker el jazz no hubiera explotado su esencia negra gracias al bebop y más tarde al hardbop, sin Ornette Coleman y John Coltrane no hubiera surgido el free jazz, y sin Chick Corea, Herbie Hancock y Miles Davis no hubiera llegado la fusión al jazz. Y lo mismo podemos decir de cualquier estilo; Paco de Lucía no hubiera firmado discos de flamenco tan vanguardistas como Siroco y Zyryab sin respirar jazz junto a Chick Corea, John MacLaughlin o Al di Meola. Y si no hubiera trascendido la música de los alemanes Kraftwerk, a quienes Afrika Bambaataa admiraba, quizás hoy no existiría el electro.

La música necesita experimentar e innovar para seguir adelante, y en definitiva, necesita vivir y trasmitir la alegría de la novedad. No la convirtamos en algo estático, que se tenga que medir por unas reglas. Démosle la libertad que nos pide.

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