| Soñar, soñar, soñar…
¿cuántos no hemos tenido sueños que se
han desmoronado al conseguirlos, por no ser lo que esperábamos?
Algunos imaginábamos lo excitante que podría
ser dedicarse al periodismo musical, conocer a artistas, asistir
a conciertos sin pagar, obtener música… Pero
antes de lo previsto descubrimos una parte menos excitante,
que se encarga de exigir espectáculo para generar comentario.
Variopinta es la forma de ofrecer espectáculo, pero
hay una que se repite y consiste en criticar y alabar de forma
exagerada, el trabajo de los MC’s.
De ahí que hoy leamos en la prensa
musical cosas como ésta: “A estas alturas
del juego, cuando nuestros oídos quieren escuchar
otra cosa (…) hay discos que suenan desfasados. (…)
Trufa su incontinencia verbal de ocurrencias sin gracia,
que convierten la escucha de su disco en algo aburrido
(…) Hay quien se hace millonario hablando mierda,
pero frente al hip hop pasado de vueltas surge otro más
maduro (…) A mi me gusta más ese”.
Este tipo de declaraciones evidencian varias
cosas. Por un lado, que el periodista tiene sus preferencias
musicales y lo difícil que es escribir una crítica
obviándolas. Por otro lado, muestra la delgada línea
que separa la valoración de un trabajo discográfico
y la falta de respeto hacia el MC.
¿Pero es posible hoy, hacer una crítica
musical sin faltar el respeto al artista? Claro que sí,
aunque no es lo más habitual. Es más fácil
escribir ignorando por completo al MC, que comedir tus palabras
y pensar que tras el artista hay una persona. Es más
fácil dejarse llevar por el afán de ofrecer
espectáculo, que mantener la empatía. Es más
fácil utilizar un lenguaje ofensivo y no controlar
las pasiones, que pararse a reflexionar. Es más fácil
valorar un trabajo desde tu propio gusto musical, que establecer
unos criterios y justificar tu opinión a través
de ellos. Es más fácil valorar sin dejar de
lado los propios prejuicios, que cuestionarte lo que parece
incuestionable…
Tal y como están las cosas, podemos
decir que la crítica musical hoy es la antítesis
del respeto. No entraré en detalle de los entresijos
de la prensa musical, del enorme mimetismo existente en ella,
de las presiones y demás… porque eso, no justifica
en absoluto que un periodista arremeta contra un artista.
Descalificar, en lugar de aportar algo al Hip Hop solo contribuye
a separarlo, a destruirlo.
Los amantes de esta cultura popular y artística,
sabemos que la palabra es un arma, y en tanto que arma puede
herir y matar. ¿Vamos a matar a nuestros propios compañeros
de viaje? ¿No es más importante lo que compartimos,
amor hacia el Hip Hop, que lo que presuntamente nos separa?
Por todo eso, es necesario reclamar un poco
más de ética entre los periodistas y un mayor
respeto hacia los artistas, que al fin y al cabo son la pieza
esencial del mercado musical. Por todo eso, es necesario reclamar
a los medios más información y menos evaluación,
y recordar a los periodistas que el marketing es cosa de los
publicistas.
Y ya que recordamos, por qué no recordar
lo que dijo El Chojin, “estamos juntos en el mismo barco”.
¿Por qué en vez de llevarlo a puerto, nos empeñamos
en ir a la deriva? Aprendamos a respetar cualquier Hip Hop
hecho de corazón.
Y por qué no recordar y aplicar, aquellas
tres palabras que a pesar de sonar a trasnochadas, el tiempo
hace necesario reivindicarlas. “Paz, Amor y Unidad”,
ah!, y Respeto.
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