| Efectivamente. Estamos ante lo que ocurre
cuando pasas de ángel de la guarda a protector incondicional
de tu hermano pequeño. Y claro está, si éste
no deja de meterse en líos, el que acabará con
barro hasta la cintura, serás tú, si no contamos
con las desagradables sanguijuelas. Como decidas regalarle
tu apoyo haga lo que haga, su psicología infantil le
llevará a cojear de la pierna que tú le ofreces,
le llevará a olvidarse de la suya, y como resultado,
la perderá irremediablemente.
Y sí, es lo que ocurre. Es el síndrome
del enamorado. De el que cierra los ojos y te cede un órgano
vital incluso cuando ya le has sacado los ojos. El síndrome
de aquel que da un billete a un ladrón o un cuchillo
al asesino. Un cáncer musical del que nadie puede escapar.
¿Qué ocurre cuando nuestro apego, musical o
no, hacia Dj X o hacia Mc XX se convierte en algo enfermizo?
Cuando la admiración se transforma en obsesión,
la música pasa a un segundo plano que se encuentra
en la estratosfera de lo culturalmente bueno, innovador, y
ante todo, enriquecedor.
¿Dónde situamos los orígenes
de la música negra en general y del Hip Hop en particular?
Cada individuo responde una cosa, un momento, unas circunstancias,
unos protagonistas… pero todos coinciden en lo mismo:
olvidamos gran número de veces que la esencia musical
de éste género en especial, se encuentra en
la experimentación, en encontrar un sonido propio,
en moverse lírica y musicalmente cómodos para
llegar a un público buscado, o en ocasiones ni siquiera
deseado. Olvidamos que la música ha sido durante siglos
correo político y sentimental, arma demagógica
y un terrible instrumento de construcción o destrucción
masiva. Al tema.
Volviendo al principio y resumiendo lo no
empezado, la Incondicionalidad que imprimimos en la música,
incluso en el campo no musical, no hace sino destruir la propia
naturaleza de ésta. ¿Pecamos de considerarnos
amantes de la música? En principio, dicho así,
esto no debería suponer obstáculo alguno. No
obstante, termina siéndolo. Cuando la admiración
pasa la estrecha barrera personal y se sitúa en el
fanatismo, apaga y... y yo también me voy.
Apoyamos grupos haciéndoles mal, a
ellos y a la madre música. Sacar discos a la venta
con promociones dignas de una nueva huella en la luna, comprarlos
y seguir calificándolos con el 10 de aquel trabajo
que pasó a la historia quizás quince años
atrás, es convertir en tristes a los tres tigres, dándoles
oxígeno para seguir haciendo lo que quieran. Es el
Sr. Snoop dueño y señor de su vida, de su trabajo
y de hacer lo que le plazca con la industria. Pero nosotros
parece ser que no. Sino explíquenme como R&G The
Masterpiece o Dead Man Walkin vendieron más que la
joya del noventa y tres denominada Doggystyle. Ciertamente,
mi asombro permanece en sus huesos y astucia gangsta, digno
de admirar, les diré. Pero un ejemplo demasiado lejano,
y de ejemplos no vive el humano… ya no recuerdo la frase.
Desde el ochenta y siete y ochenta y ocho me ha hecho esperar
It takes a Nation of Millions o Paid in Full para transformarse
en un cLOUDDEAD, que se sigue renovando en cada trabajo, año
a año. Una cláusula bien alta que han ido pagando
ellos mismo. Y juzgadme si en aquella época el apoyo
incondicional de los primeros se resumía en sus respectivas
santas madres. Invítenme a comparar… y si no,
me tomo la confianza.
Unos que después de dos álbumes
sobresalientes pierden la vitalidad que les caracteriza y
dejan de ser siempre fuertes (me podría evitar la cursiva),
me contrastan con otros bien Solos que llevan encubando oro
desde el 2001… démosles otro descanso, merecido
les está.
Y no es más que cuestión de visión filosófica
y científica. Díganme entonces el porqué
de los numerosos vuelos de Tote a Barcelona… no creo
que su fin condal fuese el darse un baño, más
bien creo que cerró los ojos y se guió, más
que por el buen sabor y olfato, por los sonidos más
densos. A esto yo lo llamo instinto, pero no animal, sino
musical. No asimilo este concepto con el contagio que producen
los fans incondicionales. De ahí las matemáticas,
o eso nos cuenta. ¿Y si alguien decidiese levantar
las heridas de un Miles Davis que mezcló guitarras
españolas en su lost in Madrid con su swing de Illinois?
A la gente con actitud, o te enfrentas a ella con ésta,
o a palabras necias oídos… Nadie le dijo que
estuviese mal hecho, él lo sabría, aunque Marcus
Miller se callase como un canalla… lean la cara B.
Posicionarse y moverse con cautela también
aúpa. Maqueteros rompedores que tienen el respeto de
El Más Vendedor, resulta que su primer largo se queda
en las tiendas. Es conocido que se trabaja mejor en casa que
en la ofi. Pregúntenle a su majestad Doom sobre esto
y díganme que no lo hizo exáctamente así
de bien, hasta que terminase con el Ratón Peligroso...
La unión de talentos no hace la fuerza. O está
visto que no siempre.
Apuesten por el sonido, por el estilo, no por el nombre de
éste. No se aferren a un gran Babu, ni a un Premier
sorprendente, apuesten por lo que dejaron escuchar en los
Duck Seasons y en el 90% de Gangstarr. Los más escrupulosos
no me permitirán aludir al rey del minimal… mis
más falsas disculpas; el Sr. Hawtin se aventuró
en beats drásticos y subterráneos, en sesiones
al alcance de un porcentaje ínfimo, sufrió saliva
y botellas en actuaciones que le convirtieron en el número
uno. Divaguen en el sonido de una cinta perdida o de una promoción
indigente. De ahí les saldrán verdaderas perlas
como el Counter fight de Waxolutionits, o Mindstate de Petephilly
y Perquisite, lo mejor del dos mil cinco para un servidor.
Si para gustos los colores, para mí el negro.
Disfruten de la música pero no al
margen de la musicalidad. No vendamos nuestra alma al dios
conformista, a ese que por escuchar algo nuevo, llegamos a
comprar hasta un segundo ó tercer LP en dos años,
a ese que nos ofrece música estándar, o a aquellos
que por nacer viejos pecan de sabios conocedores… No
arrojemos todo por la borda por el chaval que lo clavó
aquel día y que quiere pegar el famoso salto de cinta
a redondo sin que vea con claridad dónde poner su próximo
pie. No señores. Déjense guiar por la bella,
no por la bestia. |