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MUÉVELO CERDA
[texto]: F. Martín-Loeches

 

No quiero parecer alarmista, aunque sí hacer cercana mi preocupación ante cierta imagen de cultura basura que se está implantando dentro del Hip Hop con el beneplácito de los oyentes ovejunos que alaban (y compran), sin ser conscientes de que están siendo objetos de una demagogia barata.

Me refiero al uso de moviento cultural retrospectivo que se le está dando a la cultura Hip Hop, y esta vez ni tienen la culpa los medios ni los intelectuales castrenses incapaces de reconocer la grandiosidad de la lírica urbana, sino los mismos “artístas”. Todavía me persigue aquella pavorosa imagen en la que Snoop Dogg, cual respetado pimp, sostiene una cadena con la que sujeta a dos mujeres por el cuello como si de dos animales se tratara. No voy a criticar a esas pobres mujeres que, por comprensibles necesidades, han tenido que ceder a las órdenes de su agencia a la que “el señor del g-funk” ha pagado una suculenta suma de dinero, iré, más al grano, a los propios protagonistas, las super estrellas del rap, y toda esa cultura inmunda que están creando alrededor de la palabras Hip Hop.

Desde finales de los 80 ciudades como Los Ángeles han importado un Hip Hop diferente, un Hip Hop que crecía con las raíces fuera del tiesto, desembocando en generaciones que han ido viendo la violencia, y el menosprecio a las mujeres como algo cotidiano. Y lo han tomado como suyo, es lo más triste.

Todo empezó con un Ice-T que en 6 N Tha Morning describía todo aquello que estaba sucediendo en su ciudad sin reparar en detalles. El barrio de Compton fue más tarde popularizado por NWA, y a partir de entonces la vida en aquel sórdido lugar adquiere una resplandeciente historia de persecuciones, ajustes de cuentas y lucrativos cárteles. No entraré en debates sobre si está bien o mal el hecho de hablar de ello de una manera tan superficial e indiferente, pero hay que reconocer que ésto ha originado no una mejora en las condiciones del guetto como aquellos principios fundadores que Afrika Bambaataa y la Zulu Nation deseaban, sino que se ha caído en un pozo sin fondo, en un ambiente medievalista, donde sólo triunfa el cazador o el que muestra más heridas de guerra.

Aunque lo que realmente me inquieta es el trato a la mujer. Desde que la inglesa Mary Wollestonecraft se enfrentara con una estilográfica a la sociedad en su libro Una vindicación de los derechos de las mujeres en 1792, el movimiento feminista ha luchado por la igualdad de sus derechos ante el hombre sin lograr cerrar, en pleno siglo XXI, las diferencias entre ambos sexos. El Hip Hop que arrasa en las listas de ventas en los últimos años da una imagen de cultura intolerante, y conservadora, que sigue llamado a las mujeres “putas”, con simples fines discriminatorios. Sólo hay que mirar el libreto del último disco de 50 Cent para darse cuenta de que estos rudos raperos no sólo utilizan el sexo femenino como mero objeto sexual sino que además lo humillan hasta límites insospechados –todavía recuerdo como Eminem maltrataba y mataba a su propia mujer en una canción-. Y todo ello define la actitud que han de tomar millones de mentes lactantes ante la vida, y lo más grave: las muchachas aceptarán esa realidad difuminada al ver como aquellas mujeres del video se dejan maltratar por los grandes, duros, afortunados y ricos tipos que cantan, o pasean sus armas, en las imágenes. Ellas desearán sentirse inferiores, y dominadas, ante los poderosos hombres y verán su rol de objeto con total naturalidad, es preocupante porque la sociedad lo acabará aceptando –son los jóvenes los que crecen bajo ese ambiente-, y la mujer se verá obligada a enfrentarse a un muro más que derribar. En ese momento todo lo que las mujeres han logrado se evapora, y el Hip Hop se convierte en una víctima de sí mismo, ganando el más que merecido apodo de música basura, estúpida y barata.

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