| Si hay algo que nos diferencia de nuestros vecinos
portugueses, es el apoyo luso (tanto por parte de los grandes festivales
como del público) a la escena reggae. Frente a los contados
eventos de esas características en nuestro país, Portugal
se ve jalonado durante todo el verano por una serie de festivales
al ritmo del dub, roots y dancehall más bailable. Esto no
sería posible sin una fortísima escena y un público
capaz de desplazarse de punta a punta del país en busca de
un cartel de calidad. Quizás, lo más impresionante
sea la falta total de conocimiento de esta activa escena en España.
Pese a encontrarnos a pocas horas de viaje de muchos de estos festivales
(que cuentan con actuaciones de artistas que ni soñamos con
ver en nuestro país), poco es el público español
que se desplaza hasta tierras portuguesas. Ante la falta de información
por otros medios, considero básico cubrir estos festivales
y dar a conocer todo lo posible el esfuerzo luso por ofrecer música
de calidad
En esta ocasión el viaje surgió de
manera precipitada. Tras enterarnos del cartel, con el festival
ya empezado y hacer un par de llamadas de última hora, comienzo
la peregrinación hacia Braga. Las comunicaciones entre Galicia
y nuestro país vecino dejan mucho que desear: el olvido institucional,
la desgana y el atraso propio de Galicia en transportes se multiplican
cuando tu intención es alcanzar Portugal. Tras un interminable
viaje en la "frecha do minho", uno de los trenes más
desesperantes que conozco (el FEVE a su lado es un ejemplo de modernidad),
logramos alcanzar el Festival Ilha do Ermal a media tarde.
Situado en un paraje escondido a unos 40 km de
Braga y en una posición privilegiada entre 3 embalses que
rodean el área de conciertos por todos los lados, éste
es sin duda el festival mejor localizado de todos cuantos conozco.
El área de acampada (con un cierto parecido a la de Ortigueira)
está situada en la ladera de los montes, sumergida entre
carballos, y a un paso de la explanada principal y la playa.
Tras montar la tienda, bajamos rápidamente
a los conciertos que por desgracia ya habían empezado. Una
cantidad considerable de gente se agitaba con la actuación
de I-Jahman. Mientras esperábamos las acreditaciones
y nos íbamos introduciendo en el ambiente, pudimos disfrutar
de la experiencia en directo de un clásico jamaicano con
más de 4 décadas en el mundo del reggae.
A continuación, en el cartel encontramos
a un completo desconocido para nosotros "John Butler
Trio", que demostró ser uno de los mejores
grupos en directo. Con su estilo difícilmente clasificable,
bailando entre el folk de "Damned to Hell" hasta el reggae,
pasando por unos más que presentes guitarreos country, el
trío norteamericano ofreció una actuación muy
destacable por su sencillez. Se agradece encontrar un grupo capaz
de destacar con sobriedad sin caer en la saturación de acompañamientos.
Unos minutos más tarde nos enfrentamos con
la potencia de Anthony B. mientras saboreábamos
una cerveza y paseábamos por la zona de tiendas frente al
escenario. El público vibraba con la fuerza del directo del
jamaicano, que recorrió toda su trayectoria desde sus inicios
hasta su último álbum "Smoke Free", acabando
de calentar el ambiente para la llegada de los esperados The Wailers.
La actuación de The Wailers
nos devolvió a sus años dorados. Tras la muerte de
Bob Marley se convirtieron en portavoces del reggae del maestro
y, en esta ocasión, fieles a sus costumbres, nos deleitaron
con un repertorio surtido de los grandes clásicos, no por
repetidos menos de agradecer. Con un escenario lleno y en continuo
movimiento, y un público muy agradecido que respondía
sin vacilar a los potentes bajos de la formación jamaicana
la noche fue avanzando con un ambiente festivo muy de agradecer
después del viaje.
Tras la actuación de The Wailers le tocaba
el turno al esperado Capleton, líder indiscutible
en combinar el dancehall más bailable con las raíces
roots. El directo estuvo desde un primer momento marcado por ritmos
fuertes y a más de uno se le escapaban los pies tras la voz
del cantante jamaicano. Por desgracia, tras el viaje no podíamos
más con nuestros cuerpos y escuchamos buena parte del concierto
desde las tiendas perdiéndonos el fin de fiesta a cargo del
Sound System "One Love High Pawa".
El segundo día amaneció con un calor
agobiante y un sol de justicia cayendo sobre la zona de conciertos
que no auguraba nada bueno para el público. La mañana
la pasamos entre cervezas frías del área de prensa
(premio a la organización) y agradables paseos frente al
stand de Axe y sus azafatas.
Los dos primeros conciertos se desarrollaron bajo
el calor asfixiante del mediodía y con una asistencia más
bien mediocre, nada que ver con la de la noche anterior. Plaza,
en clave rock, y The Secret Machines, siguiéndole,
fueron rompiendo el "hielo" frente a un grupo de fieles
incondicionales.
Tras el interludio rockero le tocaba el turno a
uno de los representantes más destacables de la nueva escuela
londinense. Entre beats de marcado acento electrónico subió
al escenario Dizzee Rascal. Sólo unas cien
personas presenciamos el concierto que discurrió entre los
juegos verbales del padrino de la escena grime (y ganador del prestigioso
Mercury Music Price) y los gritos de unos pocos que nos agrupábamos
en las primeras filas. Realmente destacable su capacidad de amoldarse
a unos tempos frenéticos y ametrallar al respetable con una
muestra del buen hacer londinense.
El primer grupo que consiguió reunir un
público considerable frente al escenario esa tarde fue el
portugués "The Gift", con su pop
de influencia electrónica y buenas maneras británicas.
Realmente destacable el directo de esta formación, una puesta
en escena más que aceptable y, sobre todo, la arrolladora
presencia de la cantante, con una personalidad y expresividad que
caracterizan todo el directo. Vale la pena verlo.
A continuación, y con ríos de chavales
agolpándose delante del escenario, entró en escena
el grupo portugués Da Weasel, uno de los
que más ventas han hecho en el país vecino y sin duda
de los que mayor aceptación tienen entre las nuevas generaciones.
Pese a su popularidad he de coincidir con sus críticos entre
los puristas. Un sonido demasiado comercial y un directo con dos
guitarras que más que apoyar a los MC's ayudaban a ocultarlos,
hicieron de este concierto uno de los menos logrados de la noche.
La anécdota del concierto se dio cuando los dos MC's invitaron
a subir al escenario a Dizzee Rascal. El londinense intentó
amoldarse al guitarreo más bien lento de la formación
portuguesa y finalmente les hizo cortar su directo, ponerse a tocar
a velocidades de vértigo y, ni lento ni perezoso, se soltó
allí tres temas a su mayor gloria. El público no parecía
muy contento pero todo hay que decirlo, algunos disfrutamos con
el espectáculo.
Como broche final de la noche (al menos en cuanto
a conciertos se refiere) entró en escena Beck.
Una vez más, hubo relevo generacional entre el público
y una pausa por nuestra parte para recargar unos litros. Finalmente,
entre charlas con los colegas portugueses y plegarias internacionales
por la derrota de Fraga en las Autonómicas nos perdimos el
comienzo del concierto. Una verdadera pena porque es en conciertos
como éste donde se ve la calidad de un directo bien llevado.
Con una puesta en escena digna de una obra de teatro y destilando
carisma por todos sus poros Beck aplicó a rajatabla el que
debería ser el manual del buen espectáculo, consiguiendo
que los congregados coreasen todas y cada una de sus canciones,
dejándonos un sabor de boca inmejorable. Sin duda un viaje
para repetir el año que viene…
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