| Llegaron para arrasar. Hacía tiempo que
no se les veía por Madrid, y menos en uno en el que ellos
y nosotros nos sintiéramos cómodos. Hace meses se
dejaron caer por la capital para dar un show de una hora en el festival
Cultura Urbana, pero no era lo mismo. Necesitábamos algo
más íntimo.
Les he podido ver este año en tres ocasiones,
y en cada una de ellas me han sorprendido con un concierto reinventado
y diferente al anterior –algo que muchos grupos no pueden
ni soñar por falta de recursos, quizás. El primero
fue en el ya citado Cultura Urbana, y en ese momento Todo
el mundo lo sabe (Del Palo, 2005) todavía no había
salido a la venta. Allí hicieron un pequeño repaso
de sus trabajos anteriores, y sólo cantaron tres temas del
nuevo disco. No creo que haga falta añadir que la gente no
se movió demasiado, puedes leer las entre líneas lo
que quieras, pero fue un placer cantar los temas de su nuevo disco
sin que todavía nadie los hubiera escuchado. Mi segunda experiencia
con los de Terrassa fue durante el festival Sónar de Barcelona,
allí presentaron su nuevo disco sin dar tiempo a hacer restrospectivas.
Sobrio, con algunos momentos para enmarcar, pero demasiado forzado
y un sonido lamentable. Aún así cumplieron y con nota.
Y el último concierto fue el que ofrecieron el 4 de noviembre
en la sala Arena de Madrid. Con la gira ya en pleno apogeo, se esperaba
de ellos lo mejor, y nos lo dieron.
Después de la sesión del ecléctico
Dj2d2, cuando Griffi apareció
en la sala, ésta se agolpó a las primeras filas y
se dejó seducir por unos sonidos que rozaban lo abstracto
mientras jugaba como un niño pequeño con un controlador
de efectos, y scratcheaba desde su mezclador de CD’s. Porque
amigos, Griffi utilizó CD’s, ya nos lo había
avisado meses antes en una entrevista: “Estoy cansado
de los problemas que me dan los vinilos”, pero a nadie
le importó, incluso diría que pocos lo notaron.
Después de unos minutos de puro éxtasis,
le siguió la entrada acelerada en el escenario, y casi sin
darnos tiempo a respirar, de Juan Solo y Bassilio,
quienes comenzaron con un primer bloque que incluía canciones
como Algo más, Súbelo –con
la sala haciendo los coros-, El chico del 9, Prisma
y Como podamos ser. Un segundo bloque incluyó canciones
de sus anteriores discos, en una suerte de repaso, que incluía
Bugasistema, Golpes de suerte, una reinventada
Supra Bboy 2015, un remix genial de Griffi a La del
perro y que continuó cuando Juan se canto a pelo la
canción Plomo. El set terminó con la parte
de Juan en Almas al desnudo y Desaprender, y una
coreada Staway. Una pena que el sonido no nos hubiese permitido
disfrutar del concierto más, pero como ya viene siendo costumbre
el sonido de la sala Arena es capaz de echar por tierra el trabajo
de un grupo. Por suerte, aquí el grupo estuvo por encima
de los defectos de la sala.
Tras una falsa retirada, y una clamorosa ovación
que no terminaba nunca, que obligó a los catalanes a volver
al escenario enseguida para ofrecernos otro pequeño bloque
que dio por finalizada la noche. Pues como no y las energéticas
Baila o te mato y No cabe nadie retumbaron el
local.
Fue, sin duda, el mejor concierto que han podido
ofrecer. El nuevo disco Todo el mundo lo sabe (Del
Palo, 2005) combate esas posibles carencias por las que muchos han
querido ver un directo demasiado lento. Ahora si no bailas es porque
no te da la gana. El mejor concierto del año. Aunque a ellos
todavía les queda un largo viaje que les llevará por
Europa, Japón y América.
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