El reggae está presente en Cuba. Esto
es un hecho. Ahora, si por la manera en que se recrea aquí
puede considerarse sólamente reggae “hecho en Cuba”
o ya reggae “cubano” es parte de la polémica
que surge a partir de consideraciones sociológicas o musicológicas
basada en criterios como la masividad del fenómeno, la autenticidad,
la intencionalidad en apartarse de tendencias foráneas y
otras consideraciones. Para no echarle más leña al
fuego, consideremos entonces ambas frases como análogas para
referirnos al hecho en sí mismo y por lo tanto dediquemos
este especio a explicar en apretadísima síntesis,
el escenario actual del reggae en la llamada “isla de la música”
(
island of music).
Cuando en un momento impreciso a mediados de la década de
1970 se escuchó roots reggae en Cuba por primera vez, era
poco menos que imposible imaginar que treinta años después,
ese género musical ya consolidado en su original Jamaica,
se llegara a cultivar en Cuba, a pesar de que el escenario musical
auténticamente cubano continuaba en aquel momento recibiendo
influencias externas significativas provenientes de Europa y América
del Norte fundamentalmente. Tres razones especialmente inducían
a pensar entonces en esa utopía: los exigentes gustos de
los consumidores de la música popular (bailable) cubana,
el exiguo número de simpatizantes del reggae en sus inicios,
además de políticas proteccionistas o defensivas que
dificultaban la rápida difusión mediática y
venta formales en Cuba de música foránea (sobre todo
en inglés) para favorecer la música nacional lógicamente.
Por consiguiente, desde un inicio el reggae entró a Cuba,
comenzó a consumirse y a cultivarse con los apelativos de
contestatario, alternativo, extranjero, marginal, raro, y otros
acuñados por la sociedad en general; al tiempo que sus simpatizantes
eran los “moñudos”, “locos”, etc.
Este relativamente corto proceso desde fines de la década
de 1970 hasta la actualidad transcurrió a veces separado
de la cultura Rastafari. Desde entonces y durante las dos décadas
posteriores, tres elementos se conjugaron para llegar contracorriente
a lo que hoy tiende a denominarse como reggae cubano (o reggae en
Cuba): el factor humano –movimiento de estudiantes y trabajadores
caribeños y cubanos desde y hacia Cuba--, los eventos culturales
internacionales del Caribe celebrados en Cuba, y las vías
informales de recepción de la música foránea
–el turismo internacional y la radio extranjera. El resultado
fue no solamente la gestación de un gusto por el reggae entre
grupos de jóvenes con características socio-culturales
comunes bien definidas y gradualmente más numerosos en los
últimos 15 años aproximadamente, sino también
la adopción de esta forma de expresión musical en
el repertorio de músicos y agrupaciones aficionadas y profesionales.
Esta breve caracterización se refiere a un período
cuyo inicio puede ubicarse a mediados de los años ochenta,
luego de la formación de las primeras bandas cubanas
Cuanda
Zaza y
Tierra Verde (1986) y
cuando el mundialmente famoso cantautor Pablo Milanés dedicó
unos versos homónimos a Nelson Mandela (“Nelson Mandela:
sus dos amores”) con fondo musical de reggae en su disco
Proposiciones
(EGREM, 1988). Toda apreciación de este proceso debe extenderse
hasta años recientes cuando por ejemplo el grupo
Moneda
Dura, muy popular entre los adolescentes y jóvenes
cubanos, grabó un tema titulado “Reggae” en el
disco
Cuando Duerme la Habana (EGREM, 2001).
El escenario actual del reggae cubano tomó forma desde la
formación de diversas agrupaciones casi simultáneamente
a partir de 1995. Algunas asumieron el reggae como parte de su repertorio;
para otras, la mayoría de cuyos integrantes habían
asumido la cultura Rastafari como estilo o filosofía de vida,
el reggae fue y aún es la esencia de su quehacer musical.
Entre éstas últimas, la más emblemática
de todas por ser la que inició esta segunda generación
de cultores cubanos del reggae y por la seriedad de su repertorio
se nombra
Remanente, creada en 1996. Seguidamente
aparecieron la banda 100% (ahora
Manana Reggae);
H
ijos de Israel (1997);
Hijos de Jah
(1997) que pronto se renombró como
Insurrectos
(1998), ya disuelto como grupo pero luego de un impasse resurgen
como nuevo proyecto musical llamado
Herencia (2005);
Raíces Negras (1998);
Punto Rojo
(2000);
Paso Firme (2003). Este auge contó
también con el protagonismo de nombres de solistas y formatos
más pequeños como
Ras Lázaro,
Príncipe Carlos,
Militar Dread,
Ras Cocoman, el duo
Crazy Man,
Elioman,
el trío ocasional
Commercial Dreadlocks,
entre otros que además formaban y aún hoy son parte
de las mencionadas agrupaciones. Muchas otras agrupaciones cultivan
el reggae, pero no las incluyo aquí puesto que son éstas
las que defienden un repertorio casi totalmente dedicado a este
género y tienen un compromiso espiritual o emocional con
la cultura de resistencia, las ideas anticolonialistas y contestatarias
de Rastafari.
La mayoría de los integrantes de estas bandas o agrupaciones
carecen de una formación profesional como músicos;
por lo tanto, son aficionados que han aprendido sus instrumentos
y el oficio al margen de la amplia pero selectiva red de instituciones
de educación artística y musical que existe en Cuba.
Esta carencia de una evaluación profesional les impide pertenecer
a instituciones o empresas artísticas estatales mediante
las cuales pueden difundir y comercializar su música de manera
oficial y relativamente autónoma. Por ello, algunos se han
preocupado por superarse y “evaluarse” como músicos
“profesionales”, mientras otros permanecen sin un vínculo
institucional que les otorgue independencia creativa y un estatus
legal. El grupo Tierra Verde, reconocido entre los cultores del
reggae como la primera banda en dedicarse por entero al género
en Cuba, estuvo vinculado desde sus inicios a la Empresa de Talento
Artístico del Instituto Cubano de Radio y Televisión
(ICRT). Tras la desintegración de la banda y la salida de
uno de sus líderes y al no existir otra agrupación
que continuara la presencia del reggae en Cuba a principios de los
noventa, resultaba más difícil tener un vínculo
institucional para los nuevos grupos de la segunda mitad de esta
década. Las regulaciones en este sentido se hacían
más estrictas ya que la creación de los nuevos grupos
de reggae fue sólo parte de una explosión más
generalizada de grupos de todo tipo en el escenario musical cubano,
pues los años noventa –años de aguda crisis
económica en Cuba— no fueron años de crisis
creativa en el campo de la cultura.
No debe pasarse por alto que el reggae en Cuba nunca contó
con una aceptación social generalizada, pues debía
competir como extranjero con la diversidad de expresiones musicales
tradicionalmente cubanas arraigadas en la cultura popular, sobre
todo el son, la salsa y más recientemente la timba. No obstante,
los grupos que asumieron la titánica tarea de cultivar el
reggae en medio de este ambiente, mantuvieron primero una tendencia
a la imitación del reggae roots foráneo o jamaicano
antes de hacer de la fusión un rasgo esencial del reggae
cubano actual.
Esta preferencia le imprimió un carácter más
que alternativo, sino trasgresor desde su inicio, aun más
evidente cuando se le asociaba a la cultura Rastafari que muchos
de estos grupos y sus fans seguidores de Bob Marley y muchos otros
ídolos internacionales defendían. En este sentido
se presenta como una alternativa que trasgredía desde posiciones
más extremas que el rock la hegemonía de la música
cubana en los medios. Aún hoy casi todo el reggae se difunde
mediante grabaciones caseras realizadas en pequeños estudios
improvisados y pobremente equipados y, por lo tanto, no reconocidos
oficialmente. Tiene poca influencia en los medios y está
casi ausente de la radio y la televisión --esto esta asociado
a la calidad de las grabaciones de esos estudios particulares y
la falta de vínculos institucionales fuertes y permanentes
de los grupos a empresas culturales del estado, entre otros factores.
Por lo tanto, los conciertos o presentaciones en vivo son la principal
oportunidad de poner su música a disposición de un
público fundamentalmente constituido por grupos de adolescentes
y jóvenes seguidores de formas alternativas de expresión
cultural. Las tres grandes R (el rap, el rock y el reggae) se dan
así la mano.
La naturaleza irreverente de este reggae cubano se refleja también
en sus mensajes. Las preocupaciones temáticas fundamentales
son:
· los aspectos esotéricos o religiosos, reflexiones
espirituales sobre el ser y la condición humana presentes
en la ideología Rastafari.
· temas relacionados con la conciencia y las relaciones raciales
dada la importancia medular que esto adquirió en Cuba durante
la década de los noventa.
· las relaciones sociales; o sea, reggae y sus cultores como
parte de la sociedad en general. Esto abarca consideraciones sobre
la discriminación por criterios de ideología, de género,
o de preferencias sexuales, el sida, etc.
· los aspectos anecdóticos o espirituales personales
o íntimos más relacionados con el individuo mismo;
incluye cuestiones de identidad, mestizaje o diversidad cultural
o experiencias de la vida diaria.
En su quehacer nacional, el reggae cubano ha tenido que abstenerse
de tratar públicamente algunos temas relacionados al consumo
de “ganja” que en otros países resulta común.
La sociedad y las leyes cubanas sancionan severamente y con justeza
el tráfico, la posesión y el consumo de sustancias
estupefacientes, que en Cuba no es exclusivo del reggae, vale decirlo.
Este tipo de reggae trasgrede los códigos hegemónicos
dominantes en el mercado y las preferencias musicales. No es un
reggae que vende miles de copias, como el reggaetón, rechazado
abiertamente por estas bandas, pero sí es un reggae que está
sustentado por miles de simpatizantes. No obstante, es evidente
que algunos grupos hacen concesiones comerciales diametralmente
opuestas a estas preocupaciones temáticas. Como son internacionalmente
conocidas y por supuesto han sido grabadas por casas disqueras oficiales
o internacionalmente reconocidas, vale poner algunos ejemplos: el
CD “Soy Cubanito” de
Cubanitos 2002
(Lusáfrica, 2003) o el CD “Yerbawena” (Unicornio,
2001) donde el grupo homónimo menos famoso versionó
la famosa canción cubana titulada “Lágrimas
negras” de Miguel Matamoros y la incluyó en ese su
disco debut.
En general, así se presenta el reggae cubano actual. Entró
a Cuba en virtud de las dinámicas culturales actuales (llamados
comúnmente procesos de hibridación, globalización,
transnacionalismo cultural, por usar sólo algunos términos
presentes en la bibliografía contemporánea sobre estudios
culturales). Se arraigó y se cultivó en el
underground.
Ha ido ganando lentamente aceptación social e institucional
(los medios y las empresas artísticas) y espacios públicos
(conciertos) a medida que ha crecido el número de grupos
y de fans. Este proceso tiende a mantenerse estable, pero necesita
de una grabación que le de la difusión nacional e
internacional que espera. El reggae cubano sigue la “herencia”
y anda a “paso firme”.
La Habana, 26 de junio de 2006