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BREVES NOTAS A FAVOR DEL REGGAE CUBANO
por Samuel Furé Davis
Universidad de la Habana
sfuredavis@flex.uh.cu



El reggae está presente en Cuba. Esto es un hecho. Ahora, si por la manera en que se recrea aquí puede considerarse sólamente reggae “hecho en Cuba” o ya reggae “cubano” es parte de la polémica que surge a partir de consideraciones sociológicas o musicológicas basada en criterios como la masividad del fenómeno, la autenticidad, la intencionalidad en apartarse de tendencias foráneas y otras consideraciones. Para no echarle más leña al fuego, consideremos entonces ambas frases como análogas para referirnos al hecho en sí mismo y por lo tanto dediquemos este especio a explicar en apretadísima síntesis, el escenario actual del reggae en la llamada “isla de la música” (island of music).

Cuando en un momento impreciso a mediados de la década de 1970 se escuchó roots reggae en Cuba por primera vez, era poco menos que imposible imaginar que treinta años después, ese género musical ya consolidado en su original Jamaica, se llegara a cultivar en Cuba, a pesar de que el escenario musical auténticamente cubano continuaba en aquel momento recibiendo influencias externas significativas provenientes de Europa y América del Norte fundamentalmente. Tres razones especialmente inducían a pensar entonces en esa utopía: los exigentes gustos de los consumidores de la música popular (bailable) cubana, el exiguo número de simpatizantes del reggae en sus inicios, además de políticas proteccionistas o defensivas que dificultaban la rápida difusión mediática y venta formales en Cuba de música foránea (sobre todo en inglés) para favorecer la música nacional lógicamente. Por consiguiente, desde un inicio el reggae entró a Cuba, comenzó a consumirse y a cultivarse con los apelativos de contestatario, alternativo, extranjero, marginal, raro, y otros acuñados por la sociedad en general; al tiempo que sus simpatizantes eran los “moñudos”, “locos”, etc.

Este relativamente corto proceso desde fines de la década de 1970 hasta la actualidad transcurrió a veces separado de la cultura Rastafari. Desde entonces y durante las dos décadas posteriores, tres elementos se conjugaron para llegar contracorriente a lo que hoy tiende a denominarse como reggae cubano (o reggae en Cuba): el factor humano –movimiento de estudiantes y trabajadores caribeños y cubanos desde y hacia Cuba--, los eventos culturales internacionales del Caribe celebrados en Cuba, y las vías informales de recepción de la música foránea –el turismo internacional y la radio extranjera. El resultado fue no solamente la gestación de un gusto por el reggae entre grupos de jóvenes con características socio-culturales comunes bien definidas y gradualmente más numerosos en los últimos 15 años aproximadamente, sino también la adopción de esta forma de expresión musical en el repertorio de músicos y agrupaciones aficionadas y profesionales.

Esta breve caracterización se refiere a un período cuyo inicio puede ubicarse a mediados de los años ochenta, luego de la formación de las primeras bandas cubanas Cuanda Zaza y Tierra Verde (1986) y cuando el mundialmente famoso cantautor Pablo Milanés dedicó unos versos homónimos a Nelson Mandela (“Nelson Mandela: sus dos amores”) con fondo musical de reggae en su disco Proposiciones (EGREM, 1988). Toda apreciación de este proceso debe extenderse hasta años recientes cuando por ejemplo el grupo Moneda Dura, muy popular entre los adolescentes y jóvenes cubanos, grabó un tema titulado “Reggae” en el disco Cuando Duerme la Habana (EGREM, 2001).

El escenario actual del reggae cubano tomó forma desde la formación de diversas agrupaciones casi simultáneamente a partir de 1995. Algunas asumieron el reggae como parte de su repertorio; para otras, la mayoría de cuyos integrantes habían asumido la cultura Rastafari como estilo o filosofía de vida, el reggae fue y aún es la esencia de su quehacer musical. Entre éstas últimas, la más emblemática de todas por ser la que inició esta segunda generación de cultores cubanos del reggae y por la seriedad de su repertorio se nombra Remanente, creada en 1996. Seguidamente aparecieron la banda 100% (ahora Manana Reggae); Hijos de Israel (1997); Hijos de Jah (1997) que pronto se renombró como Insurrectos (1998), ya disuelto como grupo pero luego de un impasse resurgen como nuevo proyecto musical llamado Herencia (2005); Raíces Negras (1998); Punto Rojo (2000); Paso Firme (2003). Este auge contó también con el protagonismo de nombres de solistas y formatos más pequeños como Ras Lázaro, Príncipe Carlos, Militar Dread, Ras Cocoman, el duo Crazy Man, Elioman, el trío ocasional Commercial Dreadlocks, entre otros que además formaban y aún hoy son parte de las mencionadas agrupaciones. Muchas otras agrupaciones cultivan el reggae, pero no las incluyo aquí puesto que son éstas las que defienden un repertorio casi totalmente dedicado a este género y tienen un compromiso espiritual o emocional con la cultura de resistencia, las ideas anticolonialistas y contestatarias de Rastafari.

La mayoría de los integrantes de estas bandas o agrupaciones carecen de una formación profesional como músicos; por lo tanto, son aficionados que han aprendido sus instrumentos y el oficio al margen de la amplia pero selectiva red de instituciones de educación artística y musical que existe en Cuba. Esta carencia de una evaluación profesional les impide pertenecer a instituciones o empresas artísticas estatales mediante las cuales pueden difundir y comercializar su música de manera oficial y relativamente autónoma. Por ello, algunos se han preocupado por superarse y “evaluarse” como músicos “profesionales”, mientras otros permanecen sin un vínculo institucional que les otorgue independencia creativa y un estatus legal. El grupo Tierra Verde, reconocido entre los cultores del reggae como la primera banda en dedicarse por entero al género en Cuba, estuvo vinculado desde sus inicios a la Empresa de Talento Artístico del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT). Tras la desintegración de la banda y la salida de uno de sus líderes y al no existir otra agrupación que continuara la presencia del reggae en Cuba a principios de los noventa, resultaba más difícil tener un vínculo institucional para los nuevos grupos de la segunda mitad de esta década. Las regulaciones en este sentido se hacían más estrictas ya que la creación de los nuevos grupos de reggae fue sólo parte de una explosión más generalizada de grupos de todo tipo en el escenario musical cubano, pues los años noventa –años de aguda crisis económica en Cuba— no fueron años de crisis creativa en el campo de la cultura.

No debe pasarse por alto que el reggae en Cuba nunca contó con una aceptación social generalizada, pues debía competir como extranjero con la diversidad de expresiones musicales tradicionalmente cubanas arraigadas en la cultura popular, sobre todo el son, la salsa y más recientemente la timba. No obstante, los grupos que asumieron la titánica tarea de cultivar el reggae en medio de este ambiente, mantuvieron primero una tendencia a la imitación del reggae roots foráneo o jamaicano antes de hacer de la fusión un rasgo esencial del reggae cubano actual.

Esta preferencia le imprimió un carácter más que alternativo, sino trasgresor desde su inicio, aun más evidente cuando se le asociaba a la cultura Rastafari que muchos de estos grupos y sus fans seguidores de Bob Marley y muchos otros ídolos internacionales defendían. En este sentido se presenta como una alternativa que trasgredía desde posiciones más extremas que el rock la hegemonía de la música cubana en los medios. Aún hoy casi todo el reggae se difunde mediante grabaciones caseras realizadas en pequeños estudios improvisados y pobremente equipados y, por lo tanto, no reconocidos oficialmente. Tiene poca influencia en los medios y está casi ausente de la radio y la televisión --esto esta asociado a la calidad de las grabaciones de esos estudios particulares y la falta de vínculos institucionales fuertes y permanentes de los grupos a empresas culturales del estado, entre otros factores. Por lo tanto, los conciertos o presentaciones en vivo son la principal oportunidad de poner su música a disposición de un público fundamentalmente constituido por grupos de adolescentes y jóvenes seguidores de formas alternativas de expresión cultural. Las tres grandes R (el rap, el rock y el reggae) se dan así la mano.

La naturaleza irreverente de este reggae cubano se refleja también en sus mensajes. Las preocupaciones temáticas fundamentales son:
· los aspectos esotéricos o religiosos, reflexiones espirituales sobre el ser y la condición humana presentes en la ideología Rastafari.
· temas relacionados con la conciencia y las relaciones raciales dada la importancia medular que esto adquirió en Cuba durante la década de los noventa.
· las relaciones sociales; o sea, reggae y sus cultores como parte de la sociedad en general. Esto abarca consideraciones sobre la discriminación por criterios de ideología, de género, o de preferencias sexuales, el sida, etc.
· los aspectos anecdóticos o espirituales personales o íntimos más relacionados con el individuo mismo; incluye cuestiones de identidad, mestizaje o diversidad cultural o experiencias de la vida diaria.

En su quehacer nacional, el reggae cubano ha tenido que abstenerse de tratar públicamente algunos temas relacionados al consumo de “ganja” que en otros países resulta común. La sociedad y las leyes cubanas sancionan severamente y con justeza el tráfico, la posesión y el consumo de sustancias estupefacientes, que en Cuba no es exclusivo del reggae, vale decirlo.

Este tipo de reggae trasgrede los códigos hegemónicos dominantes en el mercado y las preferencias musicales. No es un reggae que vende miles de copias, como el reggaetón, rechazado abiertamente por estas bandas, pero sí es un reggae que está sustentado por miles de simpatizantes. No obstante, es evidente que algunos grupos hacen concesiones comerciales diametralmente opuestas a estas preocupaciones temáticas. Como son internacionalmente conocidas y por supuesto han sido grabadas por casas disqueras oficiales o internacionalmente reconocidas, vale poner algunos ejemplos: el CD “Soy Cubanito” de Cubanitos 2002 (Lusáfrica, 2003) o el CD “Yerbawena” (Unicornio, 2001) donde el grupo homónimo menos famoso versionó la famosa canción cubana titulada “Lágrimas negras” de Miguel Matamoros y la incluyó en ese su disco debut.

En general, así se presenta el reggae cubano actual. Entró a Cuba en virtud de las dinámicas culturales actuales (llamados comúnmente procesos de hibridación, globalización, transnacionalismo cultural, por usar sólo algunos términos presentes en la bibliografía contemporánea sobre estudios culturales). Se arraigó y se cultivó en el underground. Ha ido ganando lentamente aceptación social e institucional (los medios y las empresas artísticas) y espacios públicos (conciertos) a medida que ha crecido el número de grupos y de fans. Este proceso tiende a mantenerse estable, pero necesita de una grabación que le de la difusión nacional e internacional que espera. El reggae cubano sigue la “herencia” y anda a “paso firme”.

La Habana, 26 de junio de 2006

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