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SÓNAR 2005: BAILA O MUERE
[texto]: F. Martín-Loeches




La duodécima edición del Festival Internacional de Música Avanzada y Arte Multimedia de Barcelona se celebró entre los días 16, 17 y 18 de junio. Un año en el que la organización del Sónar había basado su imagen, totalmente provocadora, en los antihéroes, astutos estafadores que se han ganado la simpatía de la sociedad como, por ejemplo, nuestro famoso El Dioni o Jessi Gómez, que ganó la 84ª Edición de la Maratón de Boston haciendo parte del recorrido en metro.

Fue el festival de la cultura groove. De Ròisín Murphy, M.I.A, LCD Soundsystem, De La Soul, Cut Chemist, Matthew Herbert, Sólo los solo... pero sobre todo fue el festival de Jamie Lidell, el gran triunfador.

Aunque no sólo de música vive el público del Sónar, también hay lugar para los elementos visuales, con la proyección de documentales, y espacios expositivos. Además de celebrarse la feria discográfica y editorial como viene siendo costrumbre en el emplazamiento del MACBA/CCCB.

ELECTRÓNICA VS. CLÁSICA

Durante el día 16 destacaban las actuaciones de Rec_Overflow plays Plataforma LTW, Uve de Chinatown, y, sobre todo, un espacio dedicado a la música y a la gastronomía con talentos como Matthew Herbert y The Vegetable Orchestra. Nuestra llegada al recinto, después de nadar en aquella marea humana sin final, coincidió con la puesta a punto de Matthew Herbert que presentaba su nuevo disco Plat Du Jour, un manifiesto contra la fast food. Si en cada trabajo tiene una manera particular de ver la música, en está ocasión, con el puchero en la mano, nos dedicó una fascinante actuación que seguramente abriese el apetito a más de uno. Estaba acompañado de una cocinera y una banda, y Herbert sampleaba los sonidos que producía la chef. Quién me dijo a mí que el simple hecho de freir o darle la vuelta a una tortilla iba a ser el desencadenante de una canción con influencias jazz, hip hop o house. Simplemente maravilloso. Más tarde daría comienzo el espectáculo de The Vegetable Orchestra, un visión particular de la música electrónica tocada directamente de vegetales.

Al otro lado de la ciudad, en L’Auditori, nos esperaba otro encuentro único: Doseone, Dj /rupture y Richie Hawtin revisonaban varias composiciones de Anton Webern con la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya. Un evento que tuvo momentos interesantes y divertidos, aunque la falta de complicidad entre las partes quedó patente, y quitó gracia a un evento que pudo ser más de lo que fue. Aun así nos quedamos con la intervención teatral de Doseone, dedicada a su amigo y compañero musical Dax Pierson, la inquietante segunda parte de Richie Hawtin y su minimal techno, y el estruendoso final de Dj /rupture. Lástima que fuese todo tan corto.

La organización del Sónar tiene la costumbre de invitar a los acreditados a una fiesta de inauguración en la sala Razzmatazz. Suelen participar algunos de los artistas que ofrecerán un espectáculo en los días posteriores y algún grupo sorpresa. Este año le tocó el turno a Diplo, Cut Chemist y los franceses TTC. El de Florida, Diplo, ofreció una sesión colorista y exótica marcada por las remezclas de M.I.A. El siguiente en subir al escenario fue Cut Chemist, que nos embaucó en un fabuloso espectáculo de hora y media. Hizo que nos rindieramos a unas baterías potentes que nos obligaron a no parar de bailar, llevó a los compañeros siempre presentes (Jurassic 5 y Dj Shadow no pararon de sonar), y nos deleitó con unos ejercicios de scratch y beat juggling, aunque lo más celebrado fue su juego con el crossfader en la canción Prospects (Marshall law) de Dabrye. Acabó la última media hora mostrando su lado más abstracto y experimental. Por último TTC, que actuaba por primera vez en España, presentaron su nuevo disco Bâtards Sensibles con canciones como Le chans des homes, Du sang sur le dancefloor y Dans le club. Un concierto demasiado lineal.

SOUL INFINITO

El día del viernes despertó con el mejor groove sobre el escenario Sonar Village, donde comenzó el día Dj Chavez, del grupo Magnatiz, y Guillamino lanzando al público una sesión de ritmos experimantales y hip hop. Al igual que Fibla, embajador de la abstracción barcelonesa, puso de manifiesto su vinculo con el hip hop en la sesión que precedería a la actuación de Subtle. El nuevo proyecto de Doseone y Jel (Themselves, 13&God y Clouddead) respiró ilusión desde el primer momento presentando su disco A New White. Acompañados por sus otros tres compañeros, este sexteto – el sexto sería el homenajeado Dax Pierson que sufrió un grave accidente el año pasado y no pudo estar en Barcelona – se hizo acompañar de violas, guitarras, samplers, teclados y cellos para dar forma a canciones como Song meat, The long vein of the law, I love L.A, Red, white, a blonde y F.K.O. Una de las cosas que más nos llamó la atención de este concierto seguramente sean las dotes interpretativas de Doseone en el escenario como ya dejó ver el día anterior en L’Auditori. Todo un fenómeno. Este escenario finalizó con la actuación de los japoneses Afra & The Incredible Beatbox Band.

La siguiente parada nos guiaría a L’Hospitalet, allí en la gigante Fira Gran Via M2 – un complejo inmenso – se celebrarían los conciertos nocturnos. El infinito espacio del Sonar Club, con lugar para los típicos coches de choque de feria incluido, nos daba la bienvenida con una sesión de techno a cargo de Paco Osuna. Los siguientes, y los que habían llamado nuestra atención, eran los reyes de la música de baile: The Chemical Brothers, quienes ofrecieron una hora bastante animada de música bailonga. Abriendo el show con Hey boy, hey girl y siguiendo la tanda con instrumentales de su nuevo disco Push The Bottom, empezando por Galvanize, bastante influenciado por el hip hop para terminar con house. Al terminar salimos disparados a otra sala, Sonar Park, donde Ròisín Murphy, vocalista de Moloko, todavía no había terminado su actuación en la que presentaba su disco en solitario Ruby Blue, totalmente producido por Matthew Herbert. Pop electrónico con grandes dosis de funk, jazz, blues y house. Ròisín, vestida con unas estrambóticas mallas y rodeada de una banda con batería y sección de viento, nos enamoró con canciones como Rudy blue y Sow into you. Pero lo mejor estaba por llegar: Jamie Lidell. Este excéntrico cantante, productor y beatboxer – mitad del grupo de funk electrónico de Cristian Vogel Super_Collider – cautivó a todo el público en una actuación memorable y perfecta. Y es que puede que sea uno de los mejores directos musicales a los que uno pueda asistir hoy en día. Entre canciones de su disco Multiplity, con las que nos hacía enmudecer – ¡qué voz, señores! ¡Cuánto groove corre por las venas de este chico! – sampleaba su voz haciendo beatbox, y creaba el ritmo, el bajo o la melodía formando una marabunta que iba añadiendo escalonadamente, creando una atmósfera densa y negrísima, a la que añadía elementos electrónicos. Increíble.

Nosotros terminamos la noche aquí pero para muchos sólo fue el principio de la fiesta, que continuó con el jefazo del techno, Jeff Mills, pinchando en el Sonar Club, para después dar paso a los reyes del sampling: 2 Many Dj’s. Terminó la fiesta del primer día uno de los abuelos de la música electrónica ejerciendo de dj: el francés Laurent Garnier, todo un mito.

BAILA O TE MATO

Y llegó el día grande del Sónar, esta noche – la última - actuaban: De La Soul, M.I.A, Sólo los solo, LCD Soundsystem, Ellen Allien, Miss Kittin o Richie Hawtin, entre otros. El día siguió dándonos brotes de hip hop adulto y experimental como el que ofreció Noah 23 en el Sonar Village, o la verbena que montó el Profesor Ángel Dust, trayéndonos unos ritmos desenfadados con especial hincapié en lo latino, el soul, el dancehall y el hip hop. Para ello contó con las voces de Ben’Jammin y Dilema, quien tuvo tiempo de presentar su disco Raíces con la canción Suelto mi feeling. Siguió sonando la música negra con especial énfasis en formaciones como Ketepica & Lu-Fuki, Casbash 73, Hot Chip y Mocky. Y para quien quisiera descansar sus forzados pies, Matt Elliot ofreció un concierto meláncolico y sosegado en el Sónar Complex, folk sesudo y exprimido de manera escalonada a base de batería y violonchelo.

Coger el autobús que ha de dirigirnos al centro de operaciones del Sónar de noche aquel sábado se convirtió en una tarea harto díficil, las colas llegaron a ser desesperantes. Paciencia y poco más, compañeros. Llegamos ya iniciada la sesión de Dj Yoda, lejos en el tiempo quedó Griffi y el concierto de Duplex. No importó, Dj Yoda nos quitó rápidamente el mal trago del transporte. Utilizó como arma el nuevo DVJ, con el que podía scratchear películas en DVD, y así mientras entrelazaba hits ochenteros con temas de hip hop, nuestro amigo se marcaba unos scratches sobre, por ejemplo, la película de Los Cazafantamas. Fue realmente divertido. Y más lo fue el concierto de De La Soul. Estos recuperados embajadores de la cultura HIP HOP, con mayúsculas, lo dieron todo yiendo de menos a más. Repasaron su discografía, haciendo un pequeño énfasis en su último disco, y cayeron canciones míticas como Me, my self & I y Say no go. Pero nos tenían guardada una gran sorpresa. A mitad del concierto dieron entrada al hombre de moda en el hip hop americano, Kanye West, que nos deleitó con unas canciones de su primer disco como Jesus walk y All falls down. Efusivos aplausos entre un público que no se lo esperaba o no se creía lo que veía. Maseo quiso recobrar la importancia que tuvo al principio del show, cuando encaminó solo la entrada de De La, y se bajó de la tarima para echar una mano a Pose y Dave en el micrófono. Movieron al público como ningún otro grupo lo hizo esa noche. El final apoteósico llegó con Rock Co.Kane flow, tema de su The Grand Date, que repitieron hasta la saciedad. Soberbio.

El siguiente fue Cut Chemist que hizo una sesión parecida a la que nos ofreció el jueves en la Razzmatazz pero más corta, y con una sorpresa final. Encendió un micrófono, empezó a grabar su voz, a saludar a los espectadores, y aunque quiso encontrar algún español en las primeras filas tuvo que desistir resignado. Da que pensar. Y bien, todo ésto lo grabó en un vinilo por arte de magia, y lo rascó para sorpresa de todo el mundo. Más sorprendidos se debieron quedar los que pudieron escuchar como hacía scratch con sus voces. Un genio. La noche seguía su incursión en la madrugada y por fin el único grupo español iba a salir al escenario, hablamos de Sólo los solo. Hicieron un concierto muy diferente al que, por ejemplo, ofrecieron en la pasada edición del Cultura Urbana de Madrid, y tan sólo cantaron los temas de su nuevo disco Todo el Mundo lo sabe. Sonaron Como podamos ser, Baila o te mato, Todo el mundo lo sabe, Rock on da mic/No creo, El chico del 9, etc. Incluso se acercó Tremendo, aunque tuvo problemas con el micro, con quien cantaron Relojeros y Almas al desnudo. Una buena presentación del nuevo disco pero ellos saben ofrecer mucho más. Yo al menos me lo pasé como un niño.

El vendaval tamil apareció, y M.I.A. se comió el Sonar Park. Si su disco, Arular, desprende llamaradas fluorescentes de hits portentosos y exóticos, su directo no iba a ser menos. Pull up the people, Bucky done gun, Fire, fire, 10 dollars y Galang sonaron más consistentes, guerrilleros y sensuales que nunca. Apunten el nombre de Maya porque no será artista de una sola canción. La fiesta del sábado terminó con la multitud de Mark One & The Virus Syndicate bombardeando con su grime escandaloso a todos los que todavía estábamos disfrutando de la noche sin para de bailar. Pero no fueron los últimos, Diplo fue el encargado de cerrar a ritmo de reggaetón la edición del Sónar más negra. Curiosa ironía.

Si en el pasado Urban Funke saboreamos funk galáctico, el Sónar ha disfrutado del mejor funk venido de todos los rincones del Universo desconocido. Una exquisitez para los oídos.

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