| La duodécima edición del Festival
Internacional de Música Avanzada y Arte Multimedia de Barcelona
se celebró entre los días 16, 17 y 18 de junio. Un
año en el que la organización del Sónar había
basado su imagen, totalmente provocadora, en los antihéroes,
astutos estafadores que se han ganado la simpatía de la sociedad
como, por ejemplo, nuestro famoso El Dioni o Jessi Gómez,
que ganó la 84ª Edición de la Maratón
de Boston haciendo parte del recorrido en metro.
Fue el festival de la cultura groove. De Ròisín
Murphy, M.I.A, LCD Soundsystem, De La Soul, Cut Chemist, Matthew
Herbert, Sólo los solo... pero sobre todo fue el festival
de Jamie Lidell, el gran triunfador.
Aunque no sólo de música vive el
público del Sónar, también hay lugar para los
elementos visuales, con la proyección de documentales, y
espacios expositivos. Además de celebrarse la feria discográfica
y editorial como viene siendo costrumbre en el emplazamiento del
MACBA/CCCB.
ELECTRÓNICA VS. CLÁSICA
Durante el día 16 destacaban las actuaciones
de Rec_Overflow plays Plataforma LTW, Uve
de Chinatown, y, sobre todo, un espacio dedicado a la música
y a la gastronomía con talentos como Matthew Herbert y The
Vegetable Orchestra. Nuestra llegada al recinto, después
de nadar en aquella marea humana sin final, coincidió con
la puesta a punto de Matthew Herbert que presentaba
su nuevo disco Plat Du Jour, un manifiesto contra
la fast food. Si en cada trabajo tiene una manera particular
de ver la música, en está ocasión, con el puchero
en la mano, nos dedicó una fascinante actuación que
seguramente abriese el apetito a más de uno. Estaba acompañado
de una cocinera y una banda, y Herbert sampleaba los sonidos que
producía la chef. Quién me dijo a mí que el
simple hecho de freir o darle la vuelta a una tortilla iba a ser
el desencadenante de una canción con influencias jazz, hip
hop o house. Simplemente maravilloso. Más tarde daría
comienzo el espectáculo de The Vegetable Orchestra,
un visión particular de la música electrónica
tocada directamente de vegetales.
Al otro lado de la ciudad, en L’Auditori,
nos esperaba otro encuentro único: Doseone,
Dj /rupture y Richie Hawtin revisonaban
varias composiciones de Anton Webern con la Orquestra Simfònica
de Barcelona i Nacional de Catalunya. Un evento que tuvo
momentos interesantes y divertidos, aunque la falta de complicidad
entre las partes quedó patente, y quitó gracia a un
evento que pudo ser más de lo que fue. Aun así nos
quedamos con la intervención teatral de Doseone, dedicada
a su amigo y compañero musical Dax Pierson, la inquietante
segunda parte de Richie Hawtin y su minimal techno, y el estruendoso
final de Dj /rupture. Lástima que fuese todo tan corto.
La organización del Sónar tiene la
costumbre de invitar a los acreditados a una fiesta de inauguración
en la sala Razzmatazz. Suelen participar algunos de los artistas
que ofrecerán un espectáculo en los días posteriores
y algún grupo sorpresa. Este año le tocó el
turno a Diplo, Cut Chemist y los franceses TTC. El de Florida, Diplo,
ofreció una sesión colorista y exótica marcada
por las remezclas de M.I.A. El siguiente en subir al escenario fue
Cut Chemist, que nos embaucó en un fabuloso
espectáculo de hora y media. Hizo que nos rindieramos a unas
baterías potentes que nos obligaron a no parar de bailar,
llevó a los compañeros siempre presentes (Jurassic
5 y Dj Shadow no pararon de sonar), y nos deleitó con unos
ejercicios de scratch y beat juggling, aunque lo más celebrado
fue su juego con el crossfader en la canción Prospects
(Marshall law) de Dabrye. Acabó la última media
hora mostrando su lado más abstracto y experimental. Por
último TTC, que actuaba por primera vez
en España, presentaron su nuevo disco Bâtards
Sensibles con canciones como Le chans des homes,
Du sang sur le dancefloor y Dans le club. Un concierto
demasiado lineal.
SOUL INFINITO
El día del viernes despertó con el
mejor groove sobre el escenario Sonar Village, donde comenzó
el día Dj Chavez, del grupo Magnatiz, y
Guillamino lanzando al público una sesión
de ritmos experimantales y hip hop. Al igual que Fibla,
embajador de la abstracción barcelonesa, puso de manifiesto
su vinculo con el hip hop en la sesión que precedería
a la actuación de Subtle. El nuevo proyecto
de Doseone y Jel (Themselves, 13&God y Clouddead) respiró
ilusión desde el primer momento presentando su disco A
New White. Acompañados por sus otros tres compañeros,
este sexteto – el sexto sería el homenajeado Dax Pierson
que sufrió un grave accidente el año pasado y no pudo
estar en Barcelona – se hizo acompañar de violas, guitarras,
samplers, teclados y cellos para dar forma a canciones como Song
meat, The long vein of the law, I love L.A,
Red, white, a blonde y F.K.O. Una de las cosas
que más nos llamó la atención de este concierto
seguramente sean las dotes interpretativas de Doseone en el escenario
como ya dejó ver el día anterior en L’Auditori.
Todo un fenómeno. Este escenario finalizó con la actuación
de los japoneses Afra & The Incredible Beatbox Band.
La siguiente parada nos guiaría a L’Hospitalet,
allí en la gigante Fira Gran Via M2 – un complejo inmenso
– se celebrarían los conciertos nocturnos. El infinito
espacio del Sonar Club, con lugar para los típicos coches
de choque de feria incluido, nos daba la bienvenida con una sesión
de techno a cargo de Paco Osuna. Los siguientes, y los que habían
llamado nuestra atención, eran los reyes de la música
de baile: The Chemical Brothers, quienes ofrecieron
una hora bastante animada de música bailonga. Abriendo el
show con Hey boy, hey girl y siguiendo la tanda con instrumentales
de su nuevo disco Push The Bottom, empezando por
Galvanize, bastante influenciado por el hip hop para terminar
con house. Al terminar salimos disparados a otra sala, Sonar Park,
donde Ròisín Murphy, vocalista de
Moloko, todavía no había terminado su actuación
en la que presentaba su disco en solitario Ruby Blue,
totalmente producido por Matthew Herbert. Pop electrónico
con grandes dosis de funk, jazz, blues y house. Ròisín,
vestida con unas estrambóticas mallas y rodeada de una banda
con batería y sección de viento, nos enamoró
con canciones como Rudy blue y Sow into you. Pero
lo mejor estaba por llegar: Jamie Lidell. Este
excéntrico cantante, productor y beatboxer – mitad
del grupo de funk electrónico de Cristian Vogel Super_Collider
– cautivó a todo el público en una actuación
memorable y perfecta. Y es que puede que sea uno de los mejores
directos musicales a los que uno pueda asistir hoy en día.
Entre canciones de su disco Multiplity, con las
que nos hacía enmudecer – ¡qué voz, señores!
¡Cuánto groove corre por las venas de este chico! –
sampleaba su voz haciendo beatbox, y creaba el ritmo, el bajo o
la melodía formando una marabunta que iba añadiendo
escalonadamente, creando una atmósfera densa y negrísima,
a la que añadía elementos electrónicos. Increíble.
Nosotros terminamos la noche aquí pero para
muchos sólo fue el principio de la fiesta, que continuó
con el jefazo del techno, Jeff Mills, pinchando
en el Sonar Club, para después dar paso a los reyes del sampling:
2 Many Dj’s. Terminó la fiesta del
primer día uno de los abuelos de la música electrónica
ejerciendo de dj: el francés Laurent Garnier,
todo un mito.
BAILA O TE MATO
Y llegó el día grande del Sónar,
esta noche – la última - actuaban: De La Soul, M.I.A,
Sólo los solo, LCD Soundsystem, Ellen Allien, Miss Kittin
o Richie Hawtin, entre otros. El día siguió dándonos
brotes de hip hop adulto y experimental como el que ofreció
Noah 23 en el Sonar Village, o la verbena que montó
el Profesor Ángel Dust, trayéndonos
unos ritmos desenfadados con especial hincapié en lo latino,
el soul, el dancehall y el hip hop. Para ello contó con las
voces de Ben’Jammin y Dilema,
quien tuvo tiempo de presentar su disco Raíces
con la canción Suelto mi feeling. Siguió
sonando la música negra con especial énfasis en formaciones
como Ketepica & Lu-Fuki, Casbash 73,
Hot Chip y Mocky. Y para quien
quisiera descansar sus forzados pies, Matt Elliot ofreció
un concierto meláncolico y sosegado en el Sónar Complex,
folk sesudo y exprimido de manera escalonada a base de batería
y violonchelo.
Coger el autobús que ha de dirigirnos al
centro de operaciones del Sónar de noche aquel sábado
se convirtió en una tarea harto díficil, las colas
llegaron a ser desesperantes. Paciencia y poco más, compañeros.
Llegamos ya iniciada la sesión de Dj Yoda, lejos en el tiempo
quedó Griffi y el concierto de Duplex.
No importó, Dj Yoda nos quitó rápidamente
el mal trago del transporte. Utilizó como arma el nuevo DVJ,
con el que podía scratchear películas en DVD, y así
mientras entrelazaba hits ochenteros con temas de hip hop, nuestro
amigo se marcaba unos scratches sobre, por ejemplo, la película
de Los Cazafantamas. Fue realmente divertido. Y más lo fue
el concierto de De La Soul. Estos recuperados embajadores
de la cultura HIP HOP, con mayúsculas, lo dieron todo yiendo
de menos a más. Repasaron su discografía, haciendo
un pequeño énfasis en su último disco, y cayeron
canciones míticas como Me, my self & I y Say
no go. Pero nos tenían guardada una gran sorpresa. A
mitad del concierto dieron entrada al hombre de moda en el hip hop
americano, Kanye West, que nos deleitó con
unas canciones de su primer disco como Jesus walk y All
falls down. Efusivos aplausos entre un público que no
se lo esperaba o no se creía lo que veía. Maseo quiso
recobrar la importancia que tuvo al principio del show, cuando encaminó
solo la entrada de De La, y se bajó de la tarima para echar
una mano a Pose y Dave en el micrófono. Movieron al público
como ningún otro grupo lo hizo esa noche. El final apoteósico
llegó con Rock Co.Kane flow, tema de su The
Grand Date, que repitieron hasta la saciedad. Soberbio.
El siguiente fue Cut Chemist que
hizo una sesión parecida a la que nos ofreció el jueves
en la Razzmatazz pero más corta, y con una sorpresa final.
Encendió un micrófono, empezó a grabar su voz,
a saludar a los espectadores, y aunque quiso encontrar algún
español en las primeras filas tuvo que desistir resignado.
Da que pensar. Y bien, todo ésto lo grabó en un vinilo
por arte de magia, y lo rascó para sorpresa de todo el mundo.
Más sorprendidos se debieron quedar los que pudieron escuchar
como hacía scratch con sus voces. Un genio. La noche seguía
su incursión en la madrugada y por fin el único grupo
español iba a salir al escenario, hablamos de Sólo
los solo. Hicieron un concierto muy diferente al que, por
ejemplo, ofrecieron en la pasada edición del Cultura Urbana
de Madrid, y tan sólo cantaron los temas de su nuevo disco
Todo el Mundo lo sabe. Sonaron Como podamos ser, Baila
o te mato, Todo el mundo lo sabe, Rock on da mic/No
creo, El chico del 9, etc. Incluso se acercó
Tremendo, aunque tuvo problemas con el micro, con
quien cantaron Relojeros y Almas al desnudo. Una
buena presentación del nuevo disco pero ellos saben ofrecer
mucho más. Yo al menos me lo pasé como un niño.
El vendaval tamil apareció, y M.I.A.
se comió el Sonar Park. Si su disco, Arular,
desprende llamaradas fluorescentes de hits portentosos y exóticos,
su directo no iba a ser menos. Pull up the people, Bucky
done gun, Fire, fire, 10 dollars y Galang
sonaron más consistentes, guerrilleros y sensuales que nunca.
Apunten el nombre de Maya porque no será artista de una sola
canción. La fiesta del sábado terminó con la
multitud de Mark One & The Virus Syndicate
bombardeando con su grime escandaloso a todos los que todavía
estábamos disfrutando de la noche sin para de bailar. Pero
no fueron los últimos, Diplo fue el encargado
de cerrar a ritmo de reggaetón la edición del Sónar
más negra. Curiosa ironía.
Si en el pasado Urban Funke saboreamos funk galáctico,
el Sónar ha disfrutado del mejor funk venido de todos los
rincones del Universo desconocido. Una exquisitez para los oídos.
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