| Esta cuarta edición del festival Zaragoza
Ciudad ha supuesto su consolidación definitiva como referente
musical y cultural de primer orden en el panorama nacional, y a
su vez ha marcado un punto de inflexión que afectará
a su devenir más inmediato. Si el Electro2M5 fue un lujo
por el que mataría una ciudad como Madrid, pero que sin embargo
pareció venirle grande al público de Aragón,
en esta ocasión la asistencia estuvo a la altura del imponente
cartel propuesto. Según la organización asistieron
nueve mil personas entre ambos días y se pudo constatar que
las riadas autóctonas de jóvenes se vieron enriquecidas
por asistentes que provenían de las provincias más
cercanas, de ciudades lejanas e incluso de capitales europeas como
Roma, Ámsterdam o Londres.
A diferencia del festival adjunto a las fiestas
del Pilar 2004, en el que buena parte del público perpetró
un sonrojante desalojo de la sala al comienzo de la actuación
de Funk Mob con colaboración de George Clinton, y a diferencia
de lo que ocurrió en el ya citado Electro2M5, aquí
la apuesta iba sobre seguro. Ritmos gordos y babeadores de micrófono,
que es al parecer lo que más le tira al personal. Esta contundente
confirmación de la capacidad de convocatoria de la marca
ha supuesto un desborde para la organización, que tuvo por
momentos ciertas dificultades en el manejo de las masas y que ha
visto como la imagen del evento ha sido ligeramente salpicada por
esas omnipresentes minorías siempre dispuestas a tirar piedras
sobre el tejado propio, bien dejando sus rastros de tinta en el
recinto o bien simplemente comportándose de una manera...
poco cívica. Apena redescubrir como hay cosas que no cambian
y como hay, para desgracia de nuestra escena, individuos siempre
dispuestos a competir para que nos cuelguen el ominoso título
de “el peor de los públicos posibles”. Quizá
un sistema de pulseras o similar que permitiera a los asistentes
salir y entrar del recinto, hubiera ahorrado algún disgusto...
pero tampoco vamos a entrar en minucias sobre dicho asunto en estas
líneas, ya que entendemos que si el año que viene
esta gran fiesta se va a trasladar a otro emplazamiento habrá
sido por el feliz lleno general de este año y no por sus
tristes (y pocas) anécdotas particulares.
Dado que la oferta era amplia y diversa un servidor
se ve obligado a hacer una enumeración de los eventos a los
que no pudo asistir o a los que no pudo prestar la debida atención:
Escenario Underground de los dos días, Exhibición
de graffiti, bmx Flat Land, Nomad Picnic Table Contest, conciertos
de Mr. K y Grossomodo; conciertos de Tote King y Hablando en Plata
(verles tantas veces en una misma temporada no puede ser bueno,
me lo ha dicho mi doctor); conciertos de Erik B, Loncho y Dimecres
y... de Destro 187 y Aqeel. Este último me pesa ya que tenía
una curiosidad muy sana por ver en conjunción a dos de los
talentos incipientes más interesantes que hay en nuestras
tierras. Eran, de hecho, uno de los grupos que fui a ver expresamente.
Pero me quedé dormido. Cosas que pasan. El resto lo pude
degustar a la perfección, así que a lo que vamos.
INTERNACIONAL… DE VERDAD
Tras Mr. K y Grossomodo, Krazy Race
fue el primer referente internacional que subió a caldear
el ambiente, y el público, aún no muy cuantioso pero
en permanente aumento según pasaban los minutos, respondió
muy bien a la rudeza con la que el mc de Los Ángeles exponía
su día a día en las calles. La energía que
pretendió imprimir al directo derrapó en la medida
en que la fluidez a la que aspiraba fue maltratada no ya por sus
constantes explicaciones al técnico sobre cual era el track
que tenía que poner sino porque encima luego la mitad saltaron
de una manera absolutamente pecaminosa... hecho que le obligo, sin
más remedio, a darse a los acapellas. Nada que no se arregle
con cuatro insultos a Bush y con otras cuatro alusiones a la mayor
gloria del hip-hop.
La presencia internacional se aumentó y
diversificó – en esta ocasión con un dj ejerciendo
– con una propuesta que también tendría continuidad
al día siguiente y que bajo el título de E.OW.
World Mc Challenge enfrentó a cuatro mc’s
provenientes de Londres, Nueva York, París y de la propia
Zaragoza. A pesar del poso inherentemente absurdo que uno puede
encontrar en el hecho de competir en diferentes idiomas y de lo
inflada que estaba la autodenominación de campeonato mundial,
las anecdóticas pruebas a las que fueron sometidos los participantes
(desde freestyles al uso a improvisaciones sobre ritmos que cambiaban
bruscamente o improvisaciones sobre lo que les sugerían los
inesperados objetos que sacaban de una bolsa misteriosa) dieron
como resultado un show bastante ameno. Al final de las dos noches
el mc francés, que había demostrado una mayor capacidad
para concebir estructuras elaboradas en el acto, así como
una mayor fluidez que sus competidores, se alzó victorioso.
La caída del cartel del grupo de Pan Bendito
La Excepción, por problemas personales, supuso un significativo
desequilibrio para una noche que había concebido su balance
entre propuestas nacionales e internacionales con una precisión
de cirujano. Las sucesivas horas de raps foráneos pudieron
hacer mella en muchos asistentes, pero shows de la talla del de
Saian Supa Crew son capaces de plantarle cara a cualquier imprevisto
o de hacer olvidar cualquier ausencia. El personal lo sabía
y no hubo mayor problema.
El capo del sello Stones Throw
perpetró una sesión correcta dedicada a difundir clásicos
de diverso pelaje – del hip-hop al pop, pasando por el soul
– con una predecible tendencia a no acercarse mucho a las
referencias de actualidad, a no ser que llevasen su etiqueta. Los
temas se sucedieron de forma grata y sólo se notó
cierta falta de garbo cuando acometió un par de anecdóticos
trucos con los platos, que ni esperábamos ni le corresponden.
A su menú musical se sumó, desde California, MED,
quien presentó su reciente álbum de debut Push
comes to shove, con un directo plano que no terminó
de conectar con el público en ningún momento. Ni tan
siquiera los “special for me, special for you” de su
“Special” supieron traducirse en manos levantadas o
en unos mínimos coros de rigor.
Toda la sal que en esta ocasión le había
faltado al rollo de Detroit, tendría que correr a cargo de
The Beatnuts, quienes con su desparpajo boricua
y su ristra de grandes éxitos imperecederos no pudieron sino
conectar con un público al que desde un principio bautizaron
con sus muestras clásicas. Dentro de las no pocas anécdotas
que nos brindaron llamaron especialmente la atención las
macarradas en español, sonrojantemente lactante en el caso
de Psycho Les y algo más despierto en el de Ju-Ju. Los clásicos
funcionaron por si solos y, por momentos, el espectáculo
parecía que podía acabar tirando de piloto automático,
pero contaban con dos anunciados ases en la manga que se jugaron
bien. Por un lado, el campeón mundial de la DMC Roc
Raida se marcó una de sus frenéticas y desbarrantes
rutinas basadas en vistosos bodytricks. Por otro, el que sorprendió
más fue el mítico Greg Nice, que
salió como una auténtica moto y se dejó la
piel desgranando sus propios clásicos, aderezados con saltos,
gesticulación estridente, mucho sudor y juegos de beatbox
que desafiaban a los platos del X-Ecutioner a marcarse resultones
diálogos. La guinda acabó siendo casi tan grande como
el pastel pero el resultado indefectiblemente positivo.
El público estaba caliente y había
que doblar la apuesta: Saian Supa Crew. Esta vez
acompañados de un Dj, los franceses plasmaron un directo
lleno de dinamismo, con unos versos coreografiados y unos beats
moderadamente innovadores, mestizos y siempre efectivos. Sonaron
desde los clásicos ineludibles como “Angela”
hasta adelantos antipoliciales de su inminente nuevo larga duración,
que dejaron constancia de que siguen estando a la cabeza europea
en muchos sentidos. Lo mejor de la noche llegaría con la
extensa demostración de beatbox de primer orden que salió
de la boca de Sly, alta y clara gracias al gran sonido propio de
la Sala Multiusos. Sin duda una buena postal para el recuerdo: uno
de los idiomas musicales más internacionales que hay deslumbrando
en nuestro festival hip-hop más internacional.
Tras el buen quehacer bboying de Resistance
vs. Next Level, los malagueños Hablando
en Plata entraron con fuerza, casi con rabia y... un servidor se
retiró primero a tomar el fresco y luego, progresivamente,
a responder la llamada que las sabanas blancas me lanzaban a unos
diez minutos del auditorio.
HOT AS FIRE
Mi sábado empezó con Gunkhole,
grupo al que tenía unas enormes ganas de hincarles el diente
tras haberme perdido en Madrid una sesión suya de la que
algunos amigos me llegaron a hablar maravillas. El set que trajeron
se estructuraba sobre el eco y la reverberación que brotaban
sin descanso de los platos de Ricci Rucker, Mike Boo y D styles,
y sobre el revoloteo de las frenéticas baquetas de Ace. Fue
sin duda el momento estilísticamente más discordante
en un festival en el que primó la ortodoxia; de hecho pareció
una propuesta descolgada del electro2M5. Buena parte del público
optó por darse un garbeo y pocos fueron los que prestaron
la debida atención. Nosotros nos quedamos, faltaría
menos, y reconociendo que hubo momentos destacables, también
es de recibo apuntar que hubo cierto tedio.
D-Styles es fan de Godspeed You Black Emperor y
la influencia de los canadienses se reconoció en una sesión
en la que brillaron todos los posibles defectos y virtudes de un
modelo turntablism que se alejó muy afortunadamente de todos
los tópicos de los circuitos de competición, pero
que cayó en algunos de los que anquilosan a muchos de los
grupos englobados bajo el turbio post-rock – aunque
por supuesto, como señaló Ace, esto es sólo
hip-hop – . Las abstracciones casi nunca derivaron en una
mayor profundidad expresiva e incluso hubo momentos en los que su
densidad sonora fue puro chapapote. A pesar de estas pegas, no faltó
nuestro aplauso incondicional al final de su actuación, ya
que estimamos vitales experimentos de esta índole en el seno
del hip-hop.
Rapsus, que volvió a poner
de pie al público ante el escenario, contaba con la ventaja
y el inconveniente de jugar en casa. Efectivamente tenía
asegurado todo el calor de los asistentes que, como contrapartida,
conocían a la perfección el repertorio y su espectáculo
y que, por lo tanto, exigían algún aliciente añadido.
Así, el niño de la selva llegó acompañado
de un cajón y una guitarra que aflamencaron una introducción
sorprendente que al rato dejó paso al show estipulado. El
público se entregó a su estilo metralletero, arrítmico
y desafinado y al de los mc’s que le acompañaron durante
toda la velada (Fuck Tha Posse, Karty-er nene e incluso Hazhe),
pues se desplegaron en un auténtico derroche de energía.
M.O.P, cabezas de cartel, reunieron
a un número elevadísimo de personas y le prendieron
fuego a la noche. Para abrir boca, más bien para desencajar
mandíbula, entraron con "Cold As Ice" (sin reparar
en gastos...) y a partir de ahí siguieron hasta convertir
la sala en una sauna en la que cada de tema de Warriorz
y Ghetto Warfare sumaba grados y en la que los pogos brotaban
como setas en las primeras filas. Afortunadamente estuvieron a la
altura de las expectativas... ellos y la masa, que es la que en
definitiva otorga tridimensionalidad a la espectacularidad del dúo
de Brooklyn.
A Tremendo le tocó afrontar
el peliagudo asunto de salir después de la apisonadora de
Billy Danze y Lil Fame, pero realmente la gente necesitaba un respiro
y él supo oxigenar el ambiente a la perfección gracias
a sus amplias dosis de elegancia. Junto a sus inseparables Quiroga
y Fat Kut hizo una adaptación muy redonda de Vidalogía,
en la que además de sus hits habituales de directo, se fusiló,
ni corto ni perezoso, el tema “Relojeros” entero (sí,
con la parte de Juan incluida). Se ve que es una canción
muy solicitada. El andar dejándola permanentemente en el
tintero puede llegar a ser frustrante, así que esta vez la
completó... y todos contentos, faltaría menos.
Tras la voz de Tarrasa, les tocó el turno
a los otros grandes triunfadores de la noche junto con Mash Out
Posse. Violadores del Verso plantearon un concierto
alejado de sus hits previsibles y entregado de lleno a reunir fragmentos
de sus colaboraciones y a rescatar temas más recónditos.
Se marcaron uno de los mejores directos que les he visto en mucho
tiempo, alejado de rutinarios paseos, con un Lírico delineando
de manera embrujadora sus letras, un Kase O realmente entregado
y un Hate estratosférico y berreante (ya saben, el heavy
del rap), que entre canción y canción soltaba ristras
de blasfemias cada vez más bizarras. Además de sus
abundantes dosis de jazz rimado, nos ofrecieron una colaboración
de Erik B y la presentación estelar del Insulino (el mc de
la Avenida Madrid, todo un personaje curtido en el mundo de las
maquetas que ahonda en el austero camino del hardcore maño).
Los segundos platos ya nos habían satisfecho de sobra, pero
aún quedaban los postres.
Tajai sólo tocó
un par de temas, ante un público disperso, en retirada. El
suyo fue un concierto totalmente decepcionante... que más
bien pareció una prueba de sonido, al que – ahora sí
– siguió el apropiado broche de oro al festival. Scratch,
sin tener ni de lejos la monstruosa fuerza vocal de Razhel, ni la
capacidad para tecnologizar la voz de Jaime Lidell, sampleó
su propio beatbox entregando un show muy bueno que causó
todo el furor que permitió el cansancio acumulado.
Durante toda la función Dobleache estuvo
en el papel de showman, dando continuidad a las actuaciones. Hizo
bien su cometido aunque quizá, dada la duración del
festival, hubiera venido bien otro presentador con el que hubiera
podido dialogar para dar más variedad a sus chascarrillos.
Y poco más que añadir. Desde aquí verificamos
que esta propuesta sigue por buen camino y animamos a sus promotores
(y a las instituciones) a que sigan apostando por el hip-hop (y
por la electrónica de Electro2M5) tan fuerte como lo han
venido haciendo hasta ahora, pues están perfilando a Zaragoza
como un centro de peregrinaje cultural fundamental en nuestro país.
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