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SIEMPRE NOS QUEDARÁ ZARAGOZA
[texto]: Andrés Oliva




Esta cuarta edición del festival Zaragoza Ciudad ha supuesto su consolidación definitiva como referente musical y cultural de primer orden en el panorama nacional, y a su vez ha marcado un punto de inflexión que afectará a su devenir más inmediato. Si el Electro2M5 fue un lujo por el que mataría una ciudad como Madrid, pero que sin embargo pareció venirle grande al público de Aragón, en esta ocasión la asistencia estuvo a la altura del imponente cartel propuesto. Según la organización asistieron nueve mil personas entre ambos días y se pudo constatar que las riadas autóctonas de jóvenes se vieron enriquecidas por asistentes que provenían de las provincias más cercanas, de ciudades lejanas e incluso de capitales europeas como Roma, Ámsterdam o Londres.

A diferencia del festival adjunto a las fiestas del Pilar 2004, en el que buena parte del público perpetró un sonrojante desalojo de la sala al comienzo de la actuación de Funk Mob con colaboración de George Clinton, y a diferencia de lo que ocurrió en el ya citado Electro2M5, aquí la apuesta iba sobre seguro. Ritmos gordos y babeadores de micrófono, que es al parecer lo que más le tira al personal. Esta contundente confirmación de la capacidad de convocatoria de la marca ha supuesto un desborde para la organización, que tuvo por momentos ciertas dificultades en el manejo de las masas y que ha visto como la imagen del evento ha sido ligeramente salpicada por esas omnipresentes minorías siempre dispuestas a tirar piedras sobre el tejado propio, bien dejando sus rastros de tinta en el recinto o bien simplemente comportándose de una manera... poco cívica. Apena redescubrir como hay cosas que no cambian y como hay, para desgracia de nuestra escena, individuos siempre dispuestos a competir para que nos cuelguen el ominoso título de “el peor de los públicos posibles”. Quizá un sistema de pulseras o similar que permitiera a los asistentes salir y entrar del recinto, hubiera ahorrado algún disgusto... pero tampoco vamos a entrar en minucias sobre dicho asunto en estas líneas, ya que entendemos que si el año que viene esta gran fiesta se va a trasladar a otro emplazamiento habrá sido por el feliz lleno general de este año y no por sus tristes (y pocas) anécdotas particulares.

Dado que la oferta era amplia y diversa un servidor se ve obligado a hacer una enumeración de los eventos a los que no pudo asistir o a los que no pudo prestar la debida atención: Escenario Underground de los dos días, Exhibición de graffiti, bmx Flat Land, Nomad Picnic Table Contest, conciertos de Mr. K y Grossomodo; conciertos de Tote King y Hablando en Plata (verles tantas veces en una misma temporada no puede ser bueno, me lo ha dicho mi doctor); conciertos de Erik B, Loncho y Dimecres y... de Destro 187 y Aqeel. Este último me pesa ya que tenía una curiosidad muy sana por ver en conjunción a dos de los talentos incipientes más interesantes que hay en nuestras tierras. Eran, de hecho, uno de los grupos que fui a ver expresamente. Pero me quedé dormido. Cosas que pasan. El resto lo pude degustar a la perfección, así que a lo que vamos.

INTERNACIONAL… DE VERDAD

Tras Mr. K y Grossomodo, Krazy Race fue el primer referente internacional que subió a caldear el ambiente, y el público, aún no muy cuantioso pero en permanente aumento según pasaban los minutos, respondió muy bien a la rudeza con la que el mc de Los Ángeles exponía su día a día en las calles. La energía que pretendió imprimir al directo derrapó en la medida en que la fluidez a la que aspiraba fue maltratada no ya por sus constantes explicaciones al técnico sobre cual era el track que tenía que poner sino porque encima luego la mitad saltaron de una manera absolutamente pecaminosa... hecho que le obligo, sin más remedio, a darse a los acapellas. Nada que no se arregle con cuatro insultos a Bush y con otras cuatro alusiones a la mayor gloria del hip-hop.

La presencia internacional se aumentó y diversificó – en esta ocasión con un dj ejerciendo – con una propuesta que también tendría continuidad al día siguiente y que bajo el título de E.OW. World Mc Challenge enfrentó a cuatro mc’s provenientes de Londres, Nueva York, París y de la propia Zaragoza. A pesar del poso inherentemente absurdo que uno puede encontrar en el hecho de competir en diferentes idiomas y de lo inflada que estaba la autodenominación de campeonato mundial, las anecdóticas pruebas a las que fueron sometidos los participantes (desde freestyles al uso a improvisaciones sobre ritmos que cambiaban bruscamente o improvisaciones sobre lo que les sugerían los inesperados objetos que sacaban de una bolsa misteriosa) dieron como resultado un show bastante ameno. Al final de las dos noches el mc francés, que había demostrado una mayor capacidad para concebir estructuras elaboradas en el acto, así como una mayor fluidez que sus competidores, se alzó victorioso.

La caída del cartel del grupo de Pan Bendito La Excepción, por problemas personales, supuso un significativo desequilibrio para una noche que había concebido su balance entre propuestas nacionales e internacionales con una precisión de cirujano. Las sucesivas horas de raps foráneos pudieron hacer mella en muchos asistentes, pero shows de la talla del de Saian Supa Crew son capaces de plantarle cara a cualquier imprevisto o de hacer olvidar cualquier ausencia. El personal lo sabía y no hubo mayor problema.

El capo del sello Stones Throw perpetró una sesión correcta dedicada a difundir clásicos de diverso pelaje – del hip-hop al pop, pasando por el soul – con una predecible tendencia a no acercarse mucho a las referencias de actualidad, a no ser que llevasen su etiqueta. Los temas se sucedieron de forma grata y sólo se notó cierta falta de garbo cuando acometió un par de anecdóticos trucos con los platos, que ni esperábamos ni le corresponden. A su menú musical se sumó, desde California, MED, quien presentó su reciente álbum de debut Push comes to shove, con un directo plano que no terminó de conectar con el público en ningún momento. Ni tan siquiera los “special for me, special for you” de su “Special” supieron traducirse en manos levantadas o en unos mínimos coros de rigor.

Toda la sal que en esta ocasión le había faltado al rollo de Detroit, tendría que correr a cargo de The Beatnuts, quienes con su desparpajo boricua y su ristra de grandes éxitos imperecederos no pudieron sino conectar con un público al que desde un principio bautizaron con sus muestras clásicas. Dentro de las no pocas anécdotas que nos brindaron llamaron especialmente la atención las macarradas en español, sonrojantemente lactante en el caso de Psycho Les y algo más despierto en el de Ju-Ju. Los clásicos funcionaron por si solos y, por momentos, el espectáculo parecía que podía acabar tirando de piloto automático, pero contaban con dos anunciados ases en la manga que se jugaron bien. Por un lado, el campeón mundial de la DMC Roc Raida se marcó una de sus frenéticas y desbarrantes rutinas basadas en vistosos bodytricks. Por otro, el que sorprendió más fue el mítico Greg Nice, que salió como una auténtica moto y se dejó la piel desgranando sus propios clásicos, aderezados con saltos, gesticulación estridente, mucho sudor y juegos de beatbox que desafiaban a los platos del X-Ecutioner a marcarse resultones diálogos. La guinda acabó siendo casi tan grande como el pastel pero el resultado indefectiblemente positivo.

El público estaba caliente y había que doblar la apuesta: Saian Supa Crew. Esta vez acompañados de un Dj, los franceses plasmaron un directo lleno de dinamismo, con unos versos coreografiados y unos beats moderadamente innovadores, mestizos y siempre efectivos. Sonaron desde los clásicos ineludibles como “Angela” hasta adelantos antipoliciales de su inminente nuevo larga duración, que dejaron constancia de que siguen estando a la cabeza europea en muchos sentidos. Lo mejor de la noche llegaría con la extensa demostración de beatbox de primer orden que salió de la boca de Sly, alta y clara gracias al gran sonido propio de la Sala Multiusos. Sin duda una buena postal para el recuerdo: uno de los idiomas musicales más internacionales que hay deslumbrando en nuestro festival hip-hop más internacional.

Tras el buen quehacer bboying de Resistance vs. Next Level, los malagueños Hablando en Plata entraron con fuerza, casi con rabia y... un servidor se retiró primero a tomar el fresco y luego, progresivamente, a responder la llamada que las sabanas blancas me lanzaban a unos diez minutos del auditorio.

HOT AS FIRE

Mi sábado empezó con Gunkhole, grupo al que tenía unas enormes ganas de hincarles el diente tras haberme perdido en Madrid una sesión suya de la que algunos amigos me llegaron a hablar maravillas. El set que trajeron se estructuraba sobre el eco y la reverberación que brotaban sin descanso de los platos de Ricci Rucker, Mike Boo y D styles, y sobre el revoloteo de las frenéticas baquetas de Ace. Fue sin duda el momento estilísticamente más discordante en un festival en el que primó la ortodoxia; de hecho pareció una propuesta descolgada del electro2M5. Buena parte del público optó por darse un garbeo y pocos fueron los que prestaron la debida atención. Nosotros nos quedamos, faltaría menos, y reconociendo que hubo momentos destacables, también es de recibo apuntar que hubo cierto tedio.

D-Styles es fan de Godspeed You Black Emperor y la influencia de los canadienses se reconoció en una sesión en la que brillaron todos los posibles defectos y virtudes de un modelo turntablism que se alejó muy afortunadamente de todos los tópicos de los circuitos de competición, pero que cayó en algunos de los que anquilosan a muchos de los grupos englobados bajo el turbio post-rock – aunque por supuesto, como señaló Ace, esto es sólo hip-hop – . Las abstracciones casi nunca derivaron en una mayor profundidad expresiva e incluso hubo momentos en los que su densidad sonora fue puro chapapote. A pesar de estas pegas, no faltó nuestro aplauso incondicional al final de su actuación, ya que estimamos vitales experimentos de esta índole en el seno del hip-hop.

Rapsus, que volvió a poner de pie al público ante el escenario, contaba con la ventaja y el inconveniente de jugar en casa. Efectivamente tenía asegurado todo el calor de los asistentes que, como contrapartida, conocían a la perfección el repertorio y su espectáculo y que, por lo tanto, exigían algún aliciente añadido. Así, el niño de la selva llegó acompañado de un cajón y una guitarra que aflamencaron una introducción sorprendente que al rato dejó paso al show estipulado. El público se entregó a su estilo metralletero, arrítmico y desafinado y al de los mc’s que le acompañaron durante toda la velada (Fuck Tha Posse, Karty-er nene e incluso Hazhe), pues se desplegaron en un auténtico derroche de energía.

M.O.P, cabezas de cartel, reunieron a un número elevadísimo de personas y le prendieron fuego a la noche. Para abrir boca, más bien para desencajar mandíbula, entraron con "Cold As Ice" (sin reparar en gastos...) y a partir de ahí siguieron hasta convertir la sala en una sauna en la que cada de tema de Warriorz y Ghetto Warfare sumaba grados y en la que los pogos brotaban como setas en las primeras filas. Afortunadamente estuvieron a la altura de las expectativas... ellos y la masa, que es la que en definitiva otorga tridimensionalidad a la espectacularidad del dúo de Brooklyn.

A Tremendo le tocó afrontar el peliagudo asunto de salir después de la apisonadora de Billy Danze y Lil Fame, pero realmente la gente necesitaba un respiro y él supo oxigenar el ambiente a la perfección gracias a sus amplias dosis de elegancia. Junto a sus inseparables Quiroga y Fat Kut hizo una adaptación muy redonda de Vidalogía, en la que además de sus hits habituales de directo, se fusiló, ni corto ni perezoso, el tema “Relojeros” entero (sí, con la parte de Juan incluida). Se ve que es una canción muy solicitada. El andar dejándola permanentemente en el tintero puede llegar a ser frustrante, así que esta vez la completó... y todos contentos, faltaría menos.

Tras la voz de Tarrasa, les tocó el turno a los otros grandes triunfadores de la noche junto con Mash Out Posse. Violadores del Verso plantearon un concierto alejado de sus hits previsibles y entregado de lleno a reunir fragmentos de sus colaboraciones y a rescatar temas más recónditos. Se marcaron uno de los mejores directos que les he visto en mucho tiempo, alejado de rutinarios paseos, con un Lírico delineando de manera embrujadora sus letras, un Kase O realmente entregado y un Hate estratosférico y berreante (ya saben, el heavy del rap), que entre canción y canción soltaba ristras de blasfemias cada vez más bizarras. Además de sus abundantes dosis de jazz rimado, nos ofrecieron una colaboración de Erik B y la presentación estelar del Insulino (el mc de la Avenida Madrid, todo un personaje curtido en el mundo de las maquetas que ahonda en el austero camino del hardcore maño). Los segundos platos ya nos habían satisfecho de sobra, pero aún quedaban los postres.

Tajai sólo tocó un par de temas, ante un público disperso, en retirada. El suyo fue un concierto totalmente decepcionante... que más bien pareció una prueba de sonido, al que – ahora sí – siguió el apropiado broche de oro al festival. Scratch, sin tener ni de lejos la monstruosa fuerza vocal de Razhel, ni la capacidad para tecnologizar la voz de Jaime Lidell, sampleó su propio beatbox entregando un show muy bueno que causó todo el furor que permitió el cansancio acumulado.

Durante toda la función Dobleache estuvo en el papel de showman, dando continuidad a las actuaciones. Hizo bien su cometido aunque quizá, dada la duración del festival, hubiera venido bien otro presentador con el que hubiera podido dialogar para dar más variedad a sus chascarrillos. Y poco más que añadir. Desde aquí verificamos que esta propuesta sigue por buen camino y animamos a sus promotores (y a las instituciones) a que sigan apostando por el hip-hop (y por la electrónica de Electro2M5) tan fuerte como lo han venido haciendo hasta ahora, pues están perfilando a Zaragoza como un centro de peregrinaje cultural fundamental en nuestro país.

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